La nueva sanidad pública que necesitamos

Por José Martínez Olmos, ex secretario general de Sanidad

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La sanidad del futuro requiere reformas que anticipen y superen los desafíos actuales derivados de la evolución demográfica y los avances científicos a los que hay que saber enfrentar para convertirlos en oportunidades de desarrollo y mejora.

Las reformas a las que me refiero deben orientarse a perfeccionar y fortalecer los principios que han permitido hacer posible una historia de éxito el trayecto seguido desde la Ley General de Sanidad de 1986 hasta ahora. Estos principios son la universalidad, la equidad, la cohesión y la calidad en la prestación de servicios y tienen un enorme apoyo en el conjunto de la sociedad. Y todo ello desde un sistema de naturaleza pública y única en el aseguramiento y en un sistema con una provisión mayoritariamente pública y gratuita, cuya financiación esté basada en los impuestos.

En la historia reciente de nuestra democracia a partir de la Constitución de 1978, este es el modelo que mejor ha servido a las necesidades de salud y a los intereses generales de la sociedad española. Hoy, la sanidad pública necesita cambios que permitan afrontar con éxito los retos citados y los que la pandemia COVID-19 nos ha generado.

Hay que evitar que cristalice una sanidad dual y con problemas de equidad en la que el acceso a la innovación aparece como un problema y no como una oportunidad. Esto es algo que hoy comienza a percibirse en cada vez más lugares y es algo de lo que tenemos que huir cuanto antes para evitar una fractura en uno de los pilares de nuestro bienestar colectivo.

La actualización de la cartera de servicios debe ser constante y ha de tener la capacidad de incorporar con agilidad los avances científicos en la lucha frente a la enfermedad y hacerlo con criterios de equidad, calidad y eficiencia. Lo hemos sabido hacer durante muchos años y hoy debemos ser capaces de volverlo a hacer.

En este tiempo que nos ha tocado vivir, hay que ser capaces (además), de incorporar en la oferta de servicios la digitalización, el análisis del big data y la inteligencia artificial con el máximo acierto para fortalecer los principios a los que he aludido.

Todo esto requiere grandes acuerdos o, en su defecto, un enorme liderazgo. Soy partidario de los acuerdos amplios pero sería ingenuo no reconocer que los modelos de sanidad de uno y otro lado del arco parlamentario son diferentes; seguramente más diferentes de lo que aparentan los discursos. Esta es la principal causa del desacuerdo: que los modelos son en el fondo muchos más diferentes que lo que se expresa en los discursos públicos. He podido apreciarlo en primera persona en los intentos de pacto en los que he tenido oportunidad de intervenir.

Pero no hay cejar en el intento de buscar consensos y acuerdos. Bien intentando un muy difícil y casi imposible pacto de Estado, bien trabajando en acuerdos sobre Estrategias de salud que, muchas veces, son factibles en el ámbito institucional del Consejo Interterritorial.

Lo importante es ser conscientes de los desafíos y de los problemas actuales. Y sobre esto quizás haga falta más análisis, más diálogo y más respuestas. También, más participación de profesionales y de pacientes. Todo un desafío que debe afrontarse con liderazgo y, ojalá, con acuerdo.