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Enrique Granda vocal de Aefla | viernes, 22 de enero de 2016 h |

Tratar de hacer una pequeña revisión sobre los aspectos humanísticos de la Farmacia y quienes se dedican a ello, requiere un enorme esfuerzo de síntesis por la abundancia de iniciativas. La más reciente, esta misma semana, con la presentación del libro de relatos farmacéuticos hispanoamericanos Hidra Verde, o hace dos semanas por un cuento mío que publica el Club de la Farmacia de Almirall como e-book bajo el título Venturas y Desventuras en una Farmacia.

La verdad es que la afición a las letras y a las artes de los farmacéuticos viene de antiguo y ya en el siglo XIX un farmacéutico que se destacó en política, Pedro Calvo Asensio, cosechó una merecida fama como periodista, poeta y autor de teatro. A él le siguieron otros muchos en el siglo XX como León Felipe, Federico Muelas y, más recientemente, Raúl Guerra, premio Nadal y premio Nacional de Literatura. Me había propuesto no citar nombres de quienes ahora publican, para no hacer de menos a nadie, pero el caso de Raúl Guerra es especial porque preside la Asociación de Farmacéuticos de Letras y Artes (Aefla) que agrupa en torno suyo a quinientos farmacéuticos. Aefla se fundó en el año 1974 y su primer presidente fue Federico Muelas al que sucedió otro poeta, José María Fernández Nieto, y luego Carlos Pérez Accino, Juan Manuel Reol, José Félix Olalla… Esta asociación, además de organizar reuniones literarias, mantiene tres iniciativas con vocación de permanencia: la revista “Pliegos de Rebotica” que financia el CGCOF; los premios anuales de poesía, relato, pintura y fotografía; y la colección de libros “Pharma-Ki”, que se basa en patrocinios de la industria farmacéutica.

Sobre humanismo y farmacia se publicó por Juan Carlos Montero una recopilación de autores farmacéuticos en la segunda mitad del siglo XX, muestra de la magnitud del interés de esta profesión por el humanismo, en la que destacan poetas, novelistas, autores de relato corto, pintores y aficionados a la fotografía. Como dice el Javier Puerto, el humanismo y la farmacia son consustanciales por el trato permanente de los farmacéuticos con las personas para cuidar su salud, pero también por compartir las más variadas vivencias.