Premios BiC 2020

Como viene contando EG, Cataluña, junto a Madrid, quiere que su red de farmacias —en torno a 3.200 establecimientos— puedan realizar pruebas diagnósticas de COVID e incluso ya se está trabajando —junto a los colegios farmacéuticos— en un documento marco al respecto. Todo ello mientras el Ministerio de Sanidad se pronuncia al respecto. En unos tiempos de pandemia en los que hay tendencia (y necesidad) de dejarse llevar por la celeridad y la inmediatez en la toma de decisiones, el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona —dentro de la satisfacción por la “buena voluntad” de la Generalitat y el deseo de llevar a buen término esta colaboración— hace de forma paralela un llamamiento a la calma e ir “paso a paso”.

Pregunta. ¿Qué valoración hace respecto a que la Generalitat quiera confiar en las farmacias la realización de test rápidos de COVID-19?

Respuesta. Desde el COF queremos recordar que ésta sería una de las diversas medidas que están sobre la mesa respecto a la participación de las farmacias en la lucha contra la COVID-19. Quizá la posible participación de las farmacias en el circuito de detección de contagios sea la más mediática, pero, insisto, no es la única. Por supuesto, valoramos positivamente que se estén buscando circuitos protocolizados y coordinados de integración de las farmacias en estos cribados.

P. ¿En qué punto se encuentran los trabajos con la Generalitat para articular la medida?

R. Llevamos unas semanas trabajando desde la Administración y los colegios en la viabilidad de un circuito que incorpore a las farmacias y aumente la capacidad de realizar pruebas diagnósticas de COVID-19 en Cataluña. Como ha informado la consejera, se está trabajando en un protocolo pero queda mucho por hacer. Primero de todo, tenemos que garantizar tanto la seguridad de las personas que acudiesen a las farmacias a hacerse estas pruebas como la de las propias plantillas de las farmacias. Pero faltan algunos puntos importantes por salvar y es imprescindible abordarlos antes de lanzarnos a que las farmacias realicen algún tipo de prueba de COVID-19.

P. Entiendo que uno de esos “puntos a salvar” es lo normativo —que Sanidad lo faculte con los cambios legales o diese algún tipo de beneplácito por la vía de la urgencia—. ¿Cuáles serían otros?

R. Efectivamente, es fundamental aclarar el ámbito normativo: qué tipo de test y en función de ello, cómo participar las boticas. Pero, en mi opinión, es aún mas importante disponer de un circuito que asegure, desde el punto de vista epidemiológico, la seguridad de las personas que acudiesen a las farmacias y los profesionales. Ahora mismo, el enfoque en el que trabajar es más de índole técnico-sanitario que de plantear adecuación de espacios, registro de datos, privacidad, gestión de residuos… Eso vendría después.

P. Respecto a la formación de los profesionales para la toma de muestras, ¿los colegios están preparados para proporcionarla?

R. Vuelvo a situarme en un paso previo. Entiendo las prisas, pero actualmente aún estamos valorando qué tipos de test. Entre ellos, incluso están sobre la mesa aquellos de autogestión de la muestra por el propio paciente (test de autodiagnóstico) y que los resultados se vehiculizasen a través de las farmacias, como ocurre con el programa de cribado de cáncer de colon (el paciente recoge su muestra y la entrega en las farmacias). Respecto a otros test, como los de antígenos, habría que revisar si las farmacias pueden obtener muestras mediante isopo nasofaríngeo como en las PCR. ¿Mi parecer? Veo difícil que se pueda gestionar una muestra por hisopo nasal en las boticas, por los requisitos que deberían cumplir los establecimientos. Es un error pensar que de forma inminente vamos a tener 3.000 puntos más en Cataluña para la toma de muestras. No va a ser así. Una iniciativa como esta tiene que trabajarse bien y requiere tiempo.

P. Antes me comentaba que se están barajando otras medidas de participación de las farmacias en la gestión de la pandemia…

R. Sí, se están valorando todas aquellas iniciativas que ayuden a descongestionar los centros de salud y aporten valor. El objetivo es avanzar en la integración del farmacéutico en los equipos y la gestión compartida del paciente. Por ejemplo, en el seguimiento y toma de parámetros biométricos en farmacias a pacientes crónicos, de tal manera que se pudieran volcar inmediatamente en el sistema informático del Catsalut. Sea lo que fuere, lo importante es la voluntad que existe entre la Administración y la profesión farmacéutica por trabajar en un mayor papel del farmacéutico en la gestión y control de la pandemia.