Dar visibilidad a lo invisible. Este es la premisa con la que nació, y con la que ahora se exhibe, la exposición fotográfica ‘El dolor que no ves‘, centrada en el efecto personal y emocional que marca a las personas que padecen herpes zóster. La Casa del Lector de Matadero Madrid acoge esta muestra en el marco semana de su concienciación que GSK, en colaboración con la Federación Internacional sobre el Envejecimiento (IFA), pone en marcha un año más del 27 de febrero al 5 de marzo. Para dar forma a la misma se ha contado con la colaboración de Eugenio Recuenco, encargado de ‘capturar’ la esencia de una dolencia que él mismo padeció.

El fin último, como ha destacado el fotógrafo durante la presentación, es “dar voz a quienes lo sufren” desde un sensibilidad especial, acreditada por su doble perspectiva como paciente y artista. “Muchas veces es un tabú y es difícil de explicarlo. De esta forma y a través de la fotografía normalizamos expresar las emociones y los sentimientos, trasmitir algo tan subjetivo como abrumador”, ha valorado Recuenco.

Como ha rememorado, durante el tiempo que padeció herpes zóster la incertidumbre de no saber las secuelas que pudiera producir la enfermedad se convirtió en la mayor “complicación”, sumada al dolor físico que apareja. En palabras de Eduardo de Gomensoro, director médico de vacunas de GSK en España, “esta exposición es clave para dar a conocer el herpes zóster desde otra perspectiva, poniendo al paciente en el centro. Esperamos que esta iniciativa ayude a concienciar sobre este virus haciendo visible el dolor que no se ve”.

Presentación de la exposición fotográfica ‘El dolor que no ves’, en la Casa del Lector de Matadero Madrid.

También conocido como “culebrilla” —proveniente del latín, significa “faja o cinta que se asemeja a una serpiente”— por la forma que adopta en la piel, el herpes zóster está causado por la reactivación del virus de la varicela-zóster, latente en los nervios encargados de percibir los cambios de temperatura o el dolor.

La edad, factor clave de complicación

Miguel Ángel Acosta, médico de familia del Servicio Madrileño de Salud, apunta que “una de cada tres personas mayores de 50 años va a presentar un episodio de herpes zóster a lo largo de su vida.  Esta erupción, acota, “puede aparecer en lugares especialmente complejos, como, por ejemplo, en el nervio trigémino, lo que puede afectar al ojo del paciente y afectarle la vista”.

La complicación más frecuente del herpes zóster es la neuralgia postherpética (NPH), caracterizada por un dolor que persiste más de tres meses desde la resolución del sarpullido y puede durar meses o incluso años. “El riesgo de padecerla aumenta drásticamente con la edad, siendo del 3-4 por ciento en adultos de 30 a 49 años, un 21 por ciento en adultos de 60 a 69 años, un 29 por ciento en los de 70 a 79 años y llegando al 34 por ciento en adultos mayores de 80 años” confirma la María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor (SED). “No tiene cura, pero sí disponemos de fármacos y técnicas para reducir su impacto, pero dura tanto como viva el paciente que lo sufra. A medida que aumenta la edad media de la población mundial, puede estimarse que la NPH sea una carga sanitaria cada vez de mayor calado”, añade.

La neuralgia postherpética es la complicación más frecuente del HZ, capaz de generar consecuencias de dependencia

“Para el paciente la presencia del dolor cambia su rol a anciano y dependiente”, reconoce Madariaga, quien explica que el dolor puede hacerle perder la funcionalidad por la presencia de dolor crónico neuropático mal controlado o los efectos adversos de un tratamiento que genera consecuencias de tipo cognitivo, como olvidos, embotamiento mental, riesgo de caídas, etc. Además, influye “para su familia, ya que supone un cambio en los cuidados y atención que precisan, la introducción de cuidadores o la pérdida del rol de uno de los familiares para atender las nuevas necesidades que tiene el paciente”.


También te puede interesar…