Premios BiC
CARMEN M. LÓPEZ Valencia | viernes, 13 de diciembre de 2019 h |

En España se estima que el 45 por ciento de las personas padece algún tipo de dolor, siendo el 20 por ciento de carácter intenso o extremo. Situado entre los trastornos crónicos más prevalentes, el dolor tiene un impacto limitante en la vida de las personas, especialmente en el ámbito laboral (hasta un 2,8 por ciento del PiB). Asimismo, supone un porcentaje significativo del uso de los recursos sanitarios (más de un 90 por ciento de los pacientes han acudido a un profesional a causa de su dolor, una media de 3,5 consultas al año, supone un 8 por ciento del gasto farmacéutico). Con todos estos datos, Wecare-u organizó un encuentro de redacción, con el apoyo de Grünenthal, sobre la Situación de la atención al dolor en la Comunidad Valenciana.

Carlos Laguna, presidente de la Comisión de Sanidad de las Cortes Valencianas; Carlos Tornero, jefe de servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor por delegación de la Conselleria de Sanitat Universal y Salut Pública; César Margarit, jefe de la Unidad del Dolor del Hospital General Universitario de Alicante; Pedro Juan Ibor, coordinador Nacional del Grupo de Dolor de Semergen; y Elena Ruíz de la Torre, de la Asociación Española de Cefalea y Migraña, fueron los encargados de analizar la situación en la comunidad.

Un desafío para las Administraciones

El primer punto de partida es hablar de dolor no como síntoma sino como enfermedad crónica, que tiene un componente bio-psico-social… Un problema de grandes dimensiones que trasciende el ámbito sanitario y que acapara otras esferas en la agenda de las autonomías.

A día de hoy, en la Comunidad Valenciana el abordaje es desigual en la red hospitalaria, a pesar de que sus unidades de dolor son reconocidas a nivel nacional. Atención primaria es la puerta de entrada de estos pacientes, pero ¿cómo son derivados a las unidades? ¿Existe equidad? Éstas son algunas de las cuestiones que a día de hoy suponen desafíos para administraciones como la valenciana.

Carlos Tornero avanzó que la Conselleria de Sanitat Universal y Salut Pública tiene una clara sensibilidad con este tema. “Trazar un plan valenciano contra el dolor que abarque a toda la población para que sea equitativo en el abordaje de esta enfermedad y en el acceso a los tratamientos es un claro objetivo”, explicó. El camino ahora, añadió, es intentar que esta población esté cubierta. De hecho, el Gobierno se ha puesto a trabajar en una estrategia autonómica, tomando como base pautas de otros planes regionales, como Andalucía o la Comunidad de Madrid.

La falta de tiempo, un lastre en AP

Como apuntó César Margarit, las cifras son claras: “Uno de cada cinco pacientes tiene dolor crónico, pero de esos, el 46 por ciento lo sufren a diario”, señaló. El primer eslabón de esta cadena es la Atención Primaria. Entre el 75 y el 80 por ciento de la patología que se trata en las consultas del primer nivel asistencial están vinculadas al dolor. Y además, “su vinculación con el envejecimiento de la población está clara”, aseguró Pedro Juan Ibor. Ante esto, dicen los expertos, es necesario que este nivel disponga de recursos, tanto farmacológicos como no farmacológicos. El ejemplo está ya a la vista en otros países, como Francia, que van más allá de la prescripción de medicamentos.

En paralelo, uno de los problemas principales que identifican los clínicos es la falta de tiempo en las consultas. Sin embargo, recordó el coordinador nacional del Grupo de Dolor de Semergen, la principal arma que tienen estas consultas es la relación y el vínculo que se crea con los pacientes; algo que, en estos casos, puede ayudar. “Necesitas escuchar al paciente y necesitas tiempo”, apuntó. Y además, formación continuada. “Si el médico de AP mejora su formación —como ha hecho con otras patologías— tendrá integrado la forma de abordar a estos pacientes”, destacó. Una herramienta con la que cuenta la Comunidad Valenciana es la Escuela de Estudios Superiores de Salud (EVESS). De hecho, Tornero también adelantó que el plan autonómico de dolor no descarta utilizarla para mejorar la formación continuada de los profesionales.

Por otra parte, “no hay que olvidar las escuelas de pacientes”, indicó Ibor, que podrían contribuir en la mejora de la calidad de vida de estas personas. La realidad es que a día de hoy existen acciones individuales, pero el objetivo es expandir esas best-practices que se están llevando a cabo para que todos los pacientes tengan las mismas oportunidades. Todo ello sin olvidar que existe un pico de dolor en edad laboral, y por tanto, segmentar los programas para adaptarlos a cada tipo de paciente. Sin embargo, la interoperabilidad en la misma comunidad autónoma es otro de los hándicap que detectan los expertos. “Es necesario que al menos exista un conjunto mínimo de datos que sea compartible”, indicó Margarit. Las pruebas complementarias, como señaló Ibor, tienen un coste para el sistema, y por tanto, “sale más barato unificar sistemas”, resolvió Tornero.