Desde que comenzase la pandemia, voces de la ciencia y sanidad han manifestado su preocupación por el impacto de la crisis en la brecha de género. Desde la ESMO y, en concreto desde el grupo ‘Women 4 Oncology’, dedicado a visibilizar estas situaciones, han recopilado los datos de una encuesta; el objetivo de la misma es analizar la influencia del confinamiento y postconfinamiento en la brecha de género en concreto en el campo de la oncología. Los datos revelan lo que muchos ya sospechaban: estos meses han supuesto un paso atrás en los avances hacia el cierre de la brecha de género. Pilar Garrido, oncóloga, coordinadora del grupo Women 4 Oncology y presidenta de la Federación de Asociaciones Médico Científicas Españolas (Facme) desgrana los resultados de esta encuesta.

Pregunta. ¿Cuáles son los principales datos a destacar de la encuesta que ha lanzado ESMO Women 4 Oncology respecto a la brecha de género en este sector?

Respuesta. El objetivo de esta encuesta era ver si la pandemia -analizaba principalmente la primera y segunda ola- estaba teniendo un impacto mayor en las mujeres que en los hombres que trabajan en oncología. Este tema había dado lugar a publicaciones en otros ámbitos, y los datos estaban en la línea de que el impacto era mayor en las mujeres porque muchas de ellas habían dedicado más tiempo a las labores de atención a niños, ancianos, cuidado de la casa, etc. No había un reparto de roles parecido a pesar de que profesionalmente los roles sí eran similares. Por tanto, queríamos saber si este impacto estaba siendo el mismo en oncología. En ESMO, en el comité Women 4 Oncology, que coordino, se acordó impulsar una encuesta preguntando a qué se dedica el tiempo en confinamiento y postconfinamiento.

La encuesta se envió y se le dio publicidad a través de los medios de ESMO. Contó con 649 respuestas, aunque como siempre pasa, no todos los que participaron completaron el cuestionario; fueron 541 personas las que respondieron a la encuesta en su totalidad. Un 58 por ciento de los que contestaron reportaron que la pandemia había afectado a su vida profesional, mayoritariamente de manera negativa. El 86 por ciento decía que el COVID había cambiado su vida no solo profesional, sino también familiar. Cuando se analiza por género, más mujeres comentaban que esto había influido en su vida personal; en concreto, un 89 por ciento de las mujeres frente al 78 por ciento de hombres.

Entre aquellos que decían que había impactado en su vida familiar, no únicamente personal, un 84 por ciento de mujeres frente al 77 por ciento de hombres confirmaron este impacto. Más mujeres que hombres lo que reportaban es que le pudieron dedicar menos tiempo durante el confinamiento a lo que llamamos en el estudio ‘tiempo a la ciencia’ además de al cuidado personal, lo que se mantuvo después del confinamiento.

Los datos

Del total de participantes en la encuesta, el 89% de mujeres frente al 78% de hombres han manifestado que la pandemia ha tenido un impacto en su vida personal. Entre ellos, el 84% de mujeres frente al 77% de hombres expresan que este impacto se ha dado en su vida familiar. Esto ha repercutido en que las mujeres dediquen menor tiempo a la investigación, lo que repercute negativamente en su curriculum.

La ocupación del tiempo de las mujeres, más allá de tareas asistenciales, se ha centrado en atención a la vida de los demás (niños, padres, casa…). En oncología, mientras que las mujeres ocupaban más tiempo en tareas asistenciales, los hombres han dedicado más tiempo a trabajar en proyectos de ciencia. Esto se traduce en solicitar becas, preparar artículos para su publicación… De hecho, hay varias publicaciones que alertaban de que la mayoría de papers enviados a revistas, estaban firmados por primeros o seniors que era varones. La preocupación de fondo de todo esto no es lo que ha pasado en la pandemia, sino el impacto que puede tener una brecha de género mayor en los años sucesivos derivados de que el curriculum generado durante el tiempo de la pandemia genere una brecha de género mayor.

P. De la misma manera que esto sucede en diferentes ámbitos de la ciencia, ¿cómo se extrapola esta situación a la medicina?

R. Esto al principio estaba muy documentado en ámbitos no médicos. Cuando yo hice esta pregunta en España, la respuesta que obtuve fue, ‘si tu pareja no es médico, a lo mejor tú le has podido dedicar más tiempo durante el confinamiento al trabajo, si tu pareja tiene más disponibilidad en casa y se ha encargado más de estas tareas’; entonces podía ser que en el ámbito médico no encontrásemos esto, pero lamentablemente sí. La reflexión que hago es que todo lo que se ha ido alcanzando con mucho esfuerzo, en momentos de presión, no se aguanta e inmediatamente volvemos a los roles anteriores.

Se da por sentado que la carga de trabajo no es igual entre hombres y mujeres. Lo que ya habíamos alcanzado y que socialmente teníamos aceptado es que, en medicina, a pesar de haber una brecha de género, la lucha era común para disminuirla, pero en cuanto las cosas no vienen bien dadas se asume con mucha facilidad que el reparto de tareas no es equitativo fuera del trabajo. En segundo lugar, hay que analizar el impacto que esto va a tener sobre todo en la carrera de la gente más joven. Si el curriculum va a ser diferente, va a haber más proyectos de investigación dados a hombres; esto sucede porque son los que han mandado más artículos y por tanto acumulan mejor curriculum. Desde las sociedades científicas tenemos que ver cómo podemos arreglar esto.

P. ¿Qué repercusiones concretas tiene esta diferencia de publicaciones en el avance en la carrera en oncología?

R. La implicación es que en principio en el ámbito académico la mejora en tus posiciones depende de tu curriculum. Esto tiene una parte que tiene que ver con lo que publicas y dónde lo publicas; también, no tiene el mismo peso que seas el primer firmante del artículo, que tengas una posición intermedia o que seas el último, que se considera senior. Estas posiciones, la primera y la última son las de prestigio. Si ahí existe más brecha es porque los hombres han dedicado más tiempo a publicar; eso va a tener un impacto negativo en el currículum de las mujeres.

Si hay más hombres que han conseguido becas y se les asignan proyectos de investigación, es una diferencia importante en el curriculum, porque son aspectos que se tienen muy en cuenta. Incluso en posiciones académicas tiene mucho peso la investigación, que hayas sido investigador principal de un proyecto… La preocupación de todo esto no es lo que ha pasado en sí, sino sin la pandemia está contribuyendo a magnificar la brecha de género. Así, entre hombres y mujeres con méritos teóricamente iguales, esto va a provocar un retroceso en el cierre de la brecha.

“La preocupación de todo esto no es lo que ha pasado en sí, sino sin la pandemia está contribuyendo a magnificar la brecha de género. Así, entre hombres y mujeres con méritos teóricamente iguales, esto va a provocar un retroceso en el cierre de la brecha.”

P. Al analizar datos de distintos países de Europa, ¿se observan situaciones similares en la mayoría de ellos, o hay diferencias?

R. Teniendo en cuenta el número total de participantes, no tenemos datos suficientes para hacer un desglose por país y género. Pero sí contamos con feedback al respecto. Los aspectos culturales también han influido, haciendo que depende del país haya una diferencia mayor o menor. Ha habido muchas publicaciones centradas en oncología y en países que uno pensaría que este tema esta más resuelto, miras los datos y no entiendes como es posible que vayamos para atrás. Se asume que las mujeres son las principales cuidadoras; y, en países donde la igualdad se presupone que está muy establecida desde hace tiempo, también han estado sufriendo esta situación.

P. ¿Cómo se puede concienciar de que este problema todavía esta patente de cara a mejorar la situación?

R. Es importante sacar a la luz los datos. Precisamente pensar que en otros ámbitos esto no ha sucedido, puede dar lugar a que no implantes medidas correctoras si no los tienes. Este tipo de encuestas sirven para certificar que esto sí que pasa. Y que, con los números en la mano, lo que hay que hacer es concienciar a todo el mundo de que esta realidad ha pasado y que está en mano de todos solucionarlo. Por tanto, se va a dar publicidad a esta encuesta, precisamente para que todo el mundo sea consciente de que esto es así.

Lo segundo que hay que hacer es, desde distintas sociedades científicas, ser conscientes de que esto es así y poner una mirada de género en el futuro. En esta línea, Women 4 Oncology está planteando cuáles son las estrategias que propone al council de ESMO para trabajar en este aspecto.

Desde otro punto de vista están también las cosas que se pueden hacer desde las administraciones. Igual que hace tiempo se valoró, y en España ya está implementado en proyectos de investigación, que el período de maternidad no compute para que no disminuyan sus oportunidades, las mujeres que tengan un proyecto lo que hay que plantear es que esta situación lo que hace es que haya que poner en marcha más medidas de apoyo a las mujeres. Con los datos en la mano, la profesión ha de sentarse conjuntamente con las autoridades y trabajar.

“Con los datos en la mano, la profesión ha de sentarse conjuntamente con las autoridades y trabajar”

En ese sentido, por ejemplo, no solo desde ESMO sino desde Facme (Federación de Asociaciones Científico Medicas Españolas), hemos puesto en marcha también un proyecto de género para recopilar datos, porque el aso inicial es tener información atada a la tierra, ver qué datos hay y a partir de ahí trabajar con las administraciones para que este sesgo se reduzca cuando antes.

P. ¿Quién es responsable de poner medidas en marcha para revertir estos datos?

Los datos en los que va a trabajar para cuantificar Facme son cuantificar cuántas mujeres jefes de servicio hay, desglosándolo por especialidades. Cuando tengamos los datos, veremos si hay un reparto equitativo de acorde al número de mujeres profesionales que hay. Digamos que, en la literatura a nivel internacional, hay un artículo del New England Journal of Medicine, con datos de muchas universidades, que decía que, en los últimos 35 años, el número de mujeres que acceden a la universidad es llamativamente inferior al de los hombres.

También, que cualquier cambio de estatus de una mujer le lleva una media de 7 años frente a los 3,5 en hombres. Hace 35 años se podía decir que había menos mujeres, que era más complicado… Pero ahora la medicina es una profesión muy feminizada y cuando tienes los datos hay que analizar por qué son así. A partir de ahí, procurar medidas de mejora.

P. Más allá de esta encuesta y la resolución de los problemas derivados de ella, ¿qué otras prioridades tiene ESMO Women 4 Oncology en su agenda?

Las prioridades van enfocadas a visibilizar la brecha de género y promocionar la igualdad de hombres y mujeres en el ámbito de la oncología. Hace unos años publicamos una encuesta de 2018 sobre percepción, en la que se veía por ejemplo que las mujeres que respondían a esa encuesta percibían que había diferencias de género en oportunidades; mientras, los hombres consideraban que ambos tenían las mismas oportunidades. Es muy difícil implementar cambios si tú crees que no hay problemas. Desde que esa encuesta se hizo en 2017, publicándose en 2018, ahora queremos lanzar una nueva, pero enfocada a género y diversidad, analizar también otros factores que afectan negativamente al desarrollo de la carrera profesional. Hoy en día la sociedad es muy global y hay que ver cómo influye la cultura y los impactos que tiene.

Esa encuesta se va a hacer muy pronto, y en el corto plazo se conocerán los datos actualizados de, por ejemplo, cuántos hombres y mujeres son presidentes de sociedades nacionales e internacionales, cuántos hombres y mujeres son primeros y últimos autores en revistas de oncología… Nosotros tenemos estudios de monitorización anual, hay que saber cuáles son los datos y si las medidas están siendo efectivas o seguimos teniendo la misma brecha.


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