Política farmacéutica y reto demográfico

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Por José María Vergeles Blanca, vicepresidente segundo y consejero de Sanidad y Servicios Sociales de la Junta de Extremadura.

Hace 20 años, cuando se diseñaba el que sería el Servicio Extremeño de Salud (SES), se apostó por la gerencia única de área. Es decir, bajo un mismo órgano gestor se englobaban los niveles de asistencia sanitaria. Sin duda un paso adelante, pero no suficiente. El salto de calidad lo materializó incluir en la gerencia única de área la Salud Pública. No fue más que cumplir con lo establecido por la Ley General de Sanidad, pero había que tener el arrojo de hacerlo.

Han tenido que pasar 20 años para que nos diéramos cuenta con mayúsculas de esta decisión de incluir a la salud pública en el mismo nivel de los niveles de asistencia sanitaria. Más que 20 años, que ocurra una pandemia de importantes dimensiones. No siendo una labor exclusiva de los farmacéuticos, quiero destacar el papel de los farmacéuticos para esa integración de la salud pública.

La pandemia también ha destacado la labor de la atención farmacéutica. Si nuestros ciudadanos han podido acceder a los medicamentos en estos tiempos tan difíciles, se lo debemos a las agencias reguladoras, a las autoridades sanitarias. Pero se lo debemos también a los farmacéuticos y las farmacéuticas que lo han hecho posible.

“Nos enfrentamos a un nuevo reto, la incorporación de forma ágil y eficaz de las novedades terapéuticas, conservando el acceso a esos medicamentos esenciales, sin patente, que sirven para abordar problemas de salud crónicos”

La ciencia ha sido y es la esperanza para acabar con la infección, pero de lo que no cabe duda es que ha sido la clave en el control de la enfermedad grave. Las vacunas provienen del conocimiento científico, pero también de un gran acuerdo para que accediéramos a ellas. Los farmacéuticos han tenido que ver de forma decisiva en que esto haya sido así. Y lo han hecho en un trabajo multidisciplinar que ha sido ejemplar en nuestro país, y en Extremadura.

Pero nos enfrentamos a un nuevo reto, la incorporación de forma ágil y eficaz de las novedades terapéuticas, conservando el acceso a esos medicamentos esenciales que, sin estar ya sujetos a patentes, sirven para abordar muchos problemas de salud crónicos. Y ese es el gran reto, desde mi punto de vista, del sector farmacéutico español para este año 2022. La apuesta por mecanismos ágiles y de calidad sobre el valor de la innovación terapéutica, pero también la industrialización de nuestro país en el sector del medicamento, se antojan elementos fundamentales para el futuro. La política farmacéutica renovada, actualizada y adaptada es más necesaria que nunca.

Política farmacéutica que debe basarse en un trabajo colaborativo entre el sector público y el privado, tendente a decisiones tomadas basadas en el valor de los resultados en salud y que apueste por la sostenibilidad económica del Sistema Nacional de Salud, pero igualmente por la sostenibilidad social, el acceso justo a los medicamentos y la sostenibilidad científica. Tenemos que capitalizar científicamente a las oficinas de farmacia y a los equipos de atención primaria, sin reservar más de lo necesario el acceso a las innovaciones terapéuticas solamente al hospital.

Si creemos en el modelo español de farmacia debemos demostrarlo en cada una de las decisiones que tomemos. Para apoyar el modelo español de farmacia es necesario afrontar el reto demográfico. La atención farmacéutica, que es más que la dispensación de medicamentos tiene que llegar hasta donde haga posible la relación de ciencia y accesibilidad. Hemos descubierto otro factor que tener en cuenta en el diseño de las políticas farmacéuticas y es el reto al que nos enfrenta la demografía. Vivir más tiempo de forma autónoma, eliminar la posibilidad de institucionalización de la persona, debe conjugar la atención farmacéutica. De esta forma nuestro futuro y nuestro estado del bienestar estará más completo.