Poner en primera línea la salud mental supone el deber de dar un paso más y analizar la situación de realidades de un alto impacto, como son la depresión y el suicidio. La dimensión y magnitud de ambas, estrechamente vinculadas, dibujan un panorama sobre el que es necesario reflexionar y actuar. A nivel nacional, la depresión afecta a 1 de 5 mujeres y 1 de cada 10 hombres; además, cada año más de 3.500 personas mueren por suicidio, siendo además la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años. Estas cifras alertan de lo mucho que hay por hacer a este respecto, más aún en un contexto de pandemia.

Con el fin de hacer un mapa de la situación actual y dirimir el abanico de soluciones al respecto de sendos problemas de salud pública, se ha celebrado el séptimo Foro Depresión y Suicidio, el cual se ha centrado en la situación en Navarra. Organizado por la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM) y la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) con la colaboración de Janssen.

“Estamos viendo el impacto de la COVID-19 en la salud mental y lo veremos en los próximos años en suicidio”

Carlos Artundo, director general de Salud de Navarra

“Probablemente ya estamos viendo el impacto de la COVID-19 en la salud mental y lo veremos en los próximos años en suicidio”, señaló Carlos Artundo, director general de Salud de la comunidad foral, encargado de la bienvenida institucional y apertura de la cita. “Como bien sabemos a lo largo de otras crisis, probablemente eso no se va a producir en un primer momento, si no que va a haber un decalaje”, añadió el responsable.

Tal y como destacó Manuel Martín Carrasco, director médico de los Centros de Hermanas Hospitalarias en Navarra y vicepresidente de la SEP, “la mayoría de las personas con conducta suicida tienen un problema de salud mental”. Entre ellos, precisamente, la depresión presenta una profunda relación con el suicidio. No en vano, “el riesgo de que se produzca esta conducta es hasta 21 veces superior al de la población general”, tal y como detalló el experto.

“La mayoría de las personas con conducta suicida tienen un problema de salud mental”

Manuel Martín Carrasco, director médico de los Centros de Hermanas Hospitalarias en Navarra y vicepresidente de la SEP

Por ello, existe evidencia de que el tratamiento de la depresión reduce las tasas de suicidio. “En la evolución de estos pacientes se han identificado tres momentos de mayor riesgo: al inicio del episodio depresivo, al inicio de la mejoría del cuadro clínico, y a los pocos meses de un alta hospitalaria, si la ha habido, cuando a pesar de la mejoría clínica el paciente no es capaz de enfrentarse a su nivel de adaptación previo”, explicó Iñaki Arrizabalaga, gerente de salud mental de Navarra.

Adicionalmente, Martín Carrasco quiso recordar que “las expectativas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que la depresión se convierta uno de los principales de salud a nivel global”; concretamente, la entidad plantea que sea el principal desafío en este ámbito en 2050. El reto se traslada por tanto a nivel nacional y, en consecuencia, a las autonomías que componen cada país.

El alto coste de la depresión

En lo que respecta a años de vida perdidos por enfermedad (DALYs), las enfermedades mentales ocupan su propia parte del plano, con la depresión como un ámbito muy importante dentro de este tipo de trastornos y de la patología médica común. Por ello, es necesario trabajar teniendo en mente los costes derivados, tanto directos como indirectos, y que justifican la necesidad de invertir. En cuanto a coste de hospitalización a nivel regional, su repercusión es realmente importante, tal y como indicó Manuel Cuesta Zorita, jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Navarra.

“En la evolución de los pacientes con depresión se han identificado tres momentos de mayor riesgo de suicidio”

Iñaki Arrizabalaga, gerente de salud mental de Navarra

“Hemos tenido unos 82 pacientes ingresados, con una estancia media bastante superior a la patología médica en general; llegamos a tener casi 19 días de tratamiento intensivo en régimen hospitalario”, apuntó. Precisamente, la región cuenta con datos actualizados proporcionados por el servicio de contabilidad analítica del Servicio Navarro de Salud. Un trabajo de big data que Cuesta calificó como pionero en España.

Gracias a esta información, se conoce que “un episodio único puede estar entre unos 10.000 euros o 13.000 cuando es una depresión recurrente. Existe una amplia horquilla que puede ir desde 8.000 euros hasta llegar a los 50.000 euros en el tratamiento de una gran depresión”, explicó el psiquiatra. “Si tuviéramos que incluso desglosar, vemos que el grueso del coste fundamentalmente va en el trabajo de los profesionales, sobre todo de enfermería y de facultativos; esa estancia tan prolongada conlleva un trabajo muy intensivo de personal”, añadió.

“Existe una amplia horquilla que puede ir desde 8.000 euros hasta los 50.000 euros en el tratamiento de una gran depresión”

Manuel Cuesta Zorita, jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Navarra

Además, la depresión supuso un 15,8 por ciento del total de las atenciones con un total de 3.409 pacientes atendidos. “El coste directo para la sociedad navarra del tratamiento no hospitalario de la depresión es de 933 euros por paciente y año en los dispositivos de la Red de Salud Mental”, explicó Cuesta.

Según el experto, “este coste aplicado a 2.664 pacientes en tratamiento supuso un total de 2.284.219 euros en 2020. El coste del tratamiento del paciente hospitalizado por depresión es más de 7 veces superior al tratamiento en régimen ambulatorio, alcanzando la cifra de 6.906 euros por paciente y año, con un total anual de 842.570 euros”.

Suicidio: información al día

En Navarra, la fotografía de la conducta suicida es muy completa debido a la gran cantidad de información recogidos por Instituto Navarro de Medicina Legal, “lo que nos permite” poder hacer un mínimo de posvención y ver en tiempo real lo que nos está pasando, indicó asegura Adriana Goñi, directora del Plan de Prevención del suicidio en la comunidad foral. En 2019 se registraron 46 fallecimientos por suicidio, 34 hombres y 12 mujeres, lo que supone una de 7,03 suicidios por cada 100.000 habitantes; por su parte en 2020 fueron 43 personas, 31 hombres y 12 mujeres con una tasa de 6,50 fallecimientos por cada 100.000 habitantes.

La responsable ofreció una comparativa sobre cómo evolucionaron este tipo de conductas desde 2019 hasta la actualidad, ahondando en la situación en la región en la fase aguda de la pandemia. “En los meses de confinamiento, marzo, abril y mayo, prácticamente no tuvimos suicidios. Cuando salimos de él, a finales de mayo, en junio y julio, se dispararon; que hubiéramos tenido 8 en junio y otros 8 en julio es una cifra tremenda para una comunidad como la nuestra que solemos tener como mucho 4 en un mes”, analizó Goñi.

“Cuando salimos del confinamiento se dispararon los suicidios hasta los 8 al mes, una cifra tremenda para una comunidad como la nuestra”

Adriana Goñi, directora del Plan de Prevención del suicidio en Navarra

Además, puso el acento en el suicidio juvenil, alertando del tramo etario concreto de chicas adolescentes entre 15-19 años. “Lo que más parece que nos puede estar ahora mismo preocupando es este grupo, los datos nos ponen sobre aviso”, puntualizó.

Para hacer frente a este importante problema de salud pública, Navarra cuenta con planes específicos como el Protocolo de colaboración Interinstitucional de prevención y actuación ante las conductas suicidas de 2014, una iniciativa pionera en España. “Este adoptó un marco teórico muy importante, y es que el suicidio es más que un problema de salud. Nos adelantamos, intentamos establecer sistemas de coordinación entre los recursos interinstitucionales y civiles para abordar este tema”, abundó la responsable.

La región también cuenta con el Plan de Salud Mental de Navarra 2019-2023, que prioriza entre sus objetivos la prevención y la actuación ante la conducta suicida, y el Plan de Actuación a las Conductas Suicidas de 2020. Este último contempla la detección y valoración del riesgo integrado en historia clínica, la intervención integral desde los diferentes recursos, el registro de intentos de suicidio y suicidio consumado y un plan de actuación al superviviente.

Acción política, una necesidad

Desde el parlamento navarro también se contribuyó con una nutrida representación de los partidos que conforma la cámara. “Como políticos nos toca aporta esa otra mirada. Parece evidente para que las respuestas sean eficaces tiene que ser multisectoriales, ningún enfoque por separado va a tener efecto en una cuestión tan compleja como esta”, señaló Ana Ansa, portavoz de Geroa Bai en la Comisión de Salud. “Desde la política nuestra obligación es implementar políticas públicas que contribuyan a elaborar marcos”, apostó también.

Por su parte, Txomin González, portavoz de Salud de Eh-Bildu, apuntó a la necesidad de reforzar los servicios de atención actuales: “Tenemos una red pública de salud mental mejorable para poder llegar a toda la sociedad que nos necesita”. En este orden, el integrante de la formación navarra puso de relieve la necesidad de impulsar políticas dirigidas a mejorar los recursos de personal o para incentivar la formación en las escuelas, tanto para profesores como para alumnos/as.

“La salud mental ya forma parte de nuestra agenda, es una prioridad”, afirmó Patricia Fanlo, portavoz del Partido Socialista Navarro en la Comisión de Sanidad del parlamento de la comunidad. Así, aseguró que desde el PSOE “entendemos que debe haber un cambio de modelo que permita mayor accesibilidad y equidad” al mismo tiempo que se debe apostar “por un modelo comunitario e integrador”.

Al igual que hicieron la mayoría de partidos, Cristina Ibarrola, portavoz de Sanidad de Navarra Suma, hizo hincapié en el suicidio como un tema “absolutamente prioritario”. Además, agendó como tarea la necesidad de “incrementar el presupuesto en salud orientado a resultados en salud”. “No nos podemos permitir que no ser eficientes, es importante ahora para hacer sostenible el sistema”, remarcó.

Coordinación y educación, la petición de los pacientes

Elena Alsa, portavoz de Asociación Besarkada-Abrazo, se hizo eco de las principales reclamaciones de los pacientes, un agente imprescindible para entender un buen abordaje de depresión y suicidio. “Necesitamos más educación en salud mental en la calle, los pacientes no saben reconocer y abordar la situación porque no saben identificar la enfermedad”, reivindicó.

“Necesitamos más educación en salud mental en la calle, los pacientes no saben reconocer y abordar la situación de enfermedad”

Elena Alsa, portavoz de Asociación Besarkada-Abrazo

En estrecha relación se encuentra también, por tanto, la “necesidad de mayor información, formación y el apoyo una vez que las personas se ponen en manos de los servicios. Una demanda constante es que no se sienten bien informados sobre la conducta suicida como uno de los posibles riesgos”, apuntó.

Del mismo modo, Alsa señaló la coordinación como un elemento clave. Así, destacó la necesidad de intensificarla entre los propios niveles asistenciales, demandando la implantación de la figura del psicólogo en atención primaria. Al mismo tiempo, también subrayó la importancia de esta coordinación entre el resto de recursos es fundamental. “Tenemos profesores con alumnos con tentativas y no saben qué hacer; tiene que haber comunicación bidireccional y una mayor fluidez con el servicio de salud mental”.


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