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Las comunidades autónomas ya conocen de primera mano el borrador de la Estrategia Nacional de Salud Cardiovascular que el Ministerio de Sanidad les ha hecho llegar en los últimos días. El punto y seguido a una iniciativa cuyos trabajos de elaboración comenzaban hace justo un año, según ha explicado a EG el presidente de la Sociedad Española de Cardiología, Ángel Cequier, y que celebró durante las pasadas navidades las últimas reuniones de los equipos técnicos que se han encargado de darle forma.

En el marco de la nueva normalidad, y en un escenario de rebrotes de Covid-19, ha sido uno de los primeros trabajos en ver la luz.

Aunque no de forma directa, la estrategia nacional contempla el acceso a la innovación de los pacientes con patología cardiovascular. Según explica Cequier, “conceptualmente no entra en aspectos puntuales sobre tratamientos, pero la equidad es un punto determinante y uno de los objetivos estratégicos que se marca. Si bien no entra en detalles a la hora de actuar en determinados escenarios o en determinados fármacos”, subraya.

De hecho, su elaboración es anterior a la crisis sanitaria, una situación que ha llevado a una parte de las comunidades autónomas a dar por preautorizadas las prescripciones de fármacos que exigen visado, como es el caso de los ACOD.

Sobre este asunto, el presidente de la SEC considera que esta medida ha sido una decisión “fácil de tomar”. La pregunta ahora, en su opinión, es hasta cuándo y de qué manera se racionaliza la situación.

Algunas comunidades autónomas, como Cataluña, han consultado en estos días a la sociedad científica su opinión sobre este tema. Cequier es claro: “Mientras exista esta problemática de evitar el contacto o la asistencia y una vez potenciada la atención cardiológica telemática, hemos pedido que la decisión se mantenga”, sentencia.

Sin volver al punto de partida

Después, continúa, “lo que hay que hacer es intentar racionalizarlo: ni volver a la situación en la que estábamos previamente en la que pensábamos que las dificultades del visado condicionaban una limitación a que se pudiera utilizar y que las tasas de utilización seguían siendo la más baja de Europa, ni que todos los pacientes puedan recibirlo, porque hay que hacerlo en función del riesgo de los pacientes, con criterios de farmacoeconomía, buscando también el mayor beneficio racionalizando con respecto al coste”.

De este modo, destaca que habrá que replantearlo en el momento en el que la situación sanitaria permita acudir a los centros de salud con la mayor normalidad posible. “Mientras no sea así, la medida debe mantenerse”, insiste.

El especialista también hace referencia a un estudio elaborado por la SEC hace dos años, en el que se observaba una clara relación entre las tasas de utilización de ACODs en España y la dificultad para llegar a la prescripción final.

“En aquellas comunidades en las que era fácil acceder al visado, las tasas de utilización se acercaban a las medias europeas. En otras comunidades con dificultades, también desde el punto de vista logístico, las tasas eran mucho menores”, remarca.

“Siendo conscientes de su impacto económico, hay que racionalizarlo, pero hay que garantizar que lleguen a quienes lo necesitan”, concluye.

El suspenso de los visados debe ser indefinido para los internistas

Desde la Sociedad Española de Medicina Interna, Jesús Manuel Casado, secretario del Grupo de Trabajo de Insuficiencia Cardiaca y Fibrilación Auricular, explica que la sociedad científica no ha participado como tal en el diseño de la estrategia, al margen de que algún internista a título personal haya aportado su visión en los trabajos del Ministerio de Sanidad.

Casado confía en que el documento, al que no han tenido acceso aún, contemple todo lo que orbite en torno a la prevención, protección cardiovascular y abordaje de los eventos CV, que son las líneas habituales en este tipo de herramientas.

En relación al suspenso momentáneo de los visados de los ACODS durante la pandemia, Casado asegura que la medida de ha sido recibida por parte del colectivo sanitario.

Una medida heterogénea

“La cuestión es que no ha sido uniforme en todo el territorio nacional. En algunas comunidades autónomas se ha mantenido, en Madrid, por ejemplo, se hacía autovisado directo. Ha habido una gran heterogeneidad y sería deseable que fuera uniforme”, advierte.

El internista recuerda que “hacer un control rutinario de coagulación implica un desplazamiento de enfermeras y pacientes, interacción personal, y eso es algo que estamos intentando evitar”.

Una vez que se resuelva la situación y vuelvan las aguas a su cauce, su visión como internista es que esto debe llegar para quedarse. Porque la reducción de las interacciones con los pacientes se debe mantener a largo plazo.

“Tenemos que intentar evitar en lo sucesivo interacciones evitables, que se puedan resolver de alguna otra manera”, insiste.

El internista destaca que se están viendo rebrotes: “esto no se ha parado, está en una situación latente en la que si volvemos a una normalidad igual a la que había hace un año y medio la probabilidad de que volvamos a una espiral horrible es muy alta”.

Sin bajar la guardia

Su opinión es clara: “Debería mantenerse indefinidamente. Creo que no debemos bajar la guardia y volver a iniciativas que no aportan nada, como los controles periódicos y rutinarios para la coagulación teniendo fármacos que anticoagulan perfectamente al paciente, que son igual de eficaces al menos, si no más, y al menos igual de seguros, si no más”.

Por estas razones, considera que a medio plazo “no solo se debe mantener, sino garantizar”. Es clave, según sus palabras,” entrar en una nueva era de la anticoagulación en la que los ACOD sean la rutina, dejando los fármacos habituales para situaciones excepcionales en las que sean necesarios”.

Atención primaria

Los miembros del Grupo de Trabajo de Cardiovascular de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) también han participado en el desarrollo de la estrategia presentada por el ministerio. Isabel Egocheaga, coordinadora de este grupo, y uno de sus miembros, Javier Gamarra, conocen de primera mano su desarrollo.

Desde este grupo, insisten en que resulta “fundamental que se garantice un acceso equitativo a la innovación terapéutica en las enfermedades cardiovasculares, teniendo en cuenta que forman parte de las principales causas de mortalidad de los españoles”.

Por tanto, subrayan que “es primordial que se potencie la investigación, formación de profesionales y educación de la población, para alcanzar los objetivos terapéuticos que condicionen una mejor calidad de vida y una disminución de la morbimortalidad de los pacientes”.

Excesiva dependencia asistencial de los anticoagulados

Los médicos del primer nivel consideran que la pandemia por COVID-19 ha puesto en evidencia la excesiva dependencia asistencial de los pacientes anticoagulados, principalmente con AVK, la necesidad de innovar en el control y seguimiento y de potenciar el autocuidado. Defienden así que la Atención Primaria (AP) tiene que tomar las riendas de la anticoagulación oral, evitando que los pacientes tengan que acudir a las unidades de hemostasia.

Sobre el suspenso temporal de los visados en fármacos como los ACOD, desde el grupo remarcan que es un primer paso fundamental en el tratamiento anticoagulante de sus pacientes, “dado que dan acceso a toda la población a unos fármacos que han demostrado una gran seguridad y eficiencia, disminuyendo además el riesgo de contagio de los pacientes, al no ser necesarios los controles periódicos presenciales que requieren los anticoagulantes antivitamina K (AVK), algo muy importante en el seno de una pandemia”.

En este sentido, coinciden con los demás en que “una medida que ha demostrado que es más efectiva y segura no debe quedar relegada a un periodo corto de tiempo, sino que debe extenderse para fomentar la seguridad de los pacientes anticoagulados, no solo durante la pandemia, si no a lo largo de todo su tratamiento y seguimiento, para garantizar que esa seguridad y eficacia se mantiene en beneficio de nuestros pacientes anticoagulados. “Los profesionales de AP debemos garantizar el mejor tratamiento anticoagulante a cada paciente para conseguir una prevención de los eventos tromboembólicos de forma segura y eficaz, para lo que es fundamental que esta medida sea implantada y establecida a nivel nacional, y no únicamente en algunas comunidades autónomas durante un periodo determinado de tiempo”, concluyen desde la sociedad científica de primaria.


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