El reinicio del período de sesiones el pasado mes de septiembre ha traído consigo la reactivación de las agendas políticas de los partidos. Una de las formaciones con mayor actividad parlamentaria es Ciudadanos, que a través de su portavoz de Sanidad en el Congreso de los Diputados, Guillermo Díaz, se encarga de poner sobre la mesa las principales preocupaciones y propuestas que atañen al Sistema Nacional de Salud (SNS).

Precisamente el diputado ha analizado la hoja de ruta de la formación naranja en una entrevista exclusiva con EL GLOBAL. En ella, Díaz ha desglosado las principales áreas donde C’s espera incidir en los próximo meses.

Pregunta. ¿Qué previsiones para este curso en materia sanitaria es necesario abordar en opinión en de su partido? ¿Y en materia farmacéutica?

Respuesta. En primer lugar, la prioridad es reforzar el papel del Ministerio de Sanidad como órgano que coordina la política sanitaria en España. Se ha visto a lo largo de la pandemia que estaba absolutamente desmantelado, vaciado de contenido y que tenía muy poca capacidad de respuesta y ha tenido que ir improvisando para dotarlo de medios, aunque no es culpa del Gobierno ya que son años de no dejarlo todo. Hace falta reforzar el papel del Ministerio como coordinador, dotarlo de medios personales, técnico, tecnológicos -algo que es muy importante porque ha habido muchos problemas con el análisis de datos-. Y luego también reforzar el papel del ISCIII, que ha hecho un buen papel, pero que hay que dotarlo presupuestariamente, abrir la vía de financiación privada que se puede explorar más allá de la que reciben, por ejemplo, con una Ley de Mecenazgo.

En cuanto a la política farmacéutica, nosotros consideramos que el hecho de tener una industria farmacéutica fuerte y que vea en España un lugar interesante donde instalarse y venir, hacer ensayos clínicos e investigar, repercute de forma muy positiva en el SNS. ¿Por qué? Primero: los ensayos clínicos siempre son beneficiosos; supone muchas veces, y se dice poco, un ahorro importante para el SNS; abren una puerta a la esperanza para personas que tienen enfermedades cuyos tratamientos actuales no tienen un buen pronóstico o no son eficaces o tienen unos efectos secundarios muy grandes…; y por supuesto, igual de importante que las anteriores, generan un empleo estable, de muy alta calidad, y que evitaría, por ejemplo, estas fugas de científicos al extranjeros de las cuales nos quejamos siempre. Con lo cual, es muy importante alejar del discurso público la ‘privatofobia’ o la ‘industriafobia’. Yo creo que es una oportunidad muy grande que ha visto que, engranando el sector público con el privado, con un objetivo común que es preservar la salud de los españoles en este caso, es mucho mejor sin fobias ni prejuicios ni ideologías antiguas que lastren esta oportunidad que tenemos. Ahora mismo, la industria farmacéutica en España es de las más importantes de Europa y debe ser así y además se la debe reforzar ese papel.

«Consideramos que tener una industria farmacéutica fuerte repercute de forma muy positiva en el SNS»

Por último, una de las cuestiones que consideramos también esencial y esto ya es de acción política, y creemos que no se ha tenido como prioridad ni antes, ni durante, ni después de la pandemia que no ha terminado todavía, es la salud mental. Consideramos que la COVID-19 ha golpeado igual y hasta en mayor medida la mente de los españoles que sus sistemas inmunes. Prácticamente el confinamiento, ya estamos teniendo datos muy preocupantes sobre cómo ha afectado a la población española, con especial incidencia en adolescentes y en niños o en personas con trastornos obsesivo-compulsivo, personas que vivían solas… se han disparado los suicidios, se ha disparado la incidencia y la gravedad de los trastornos, hay niños que no quieren salir de su casa y padres que han visto cómo los adolescentes han cambiado su conducta. Y además esto viene a agravar una situación previa a la pandemia que ya era preocupante de la salud mental. Tenemos que avanzar mucho ahí. No hay que diferenciar salud de salud mental, sin salud mental no hay salud. Creo que este es el reto más inmediato que tiene la política pública en España, atender esta gran lacra.

P. Tras aprobarse la actualización de la Estrategia Nacional de Cáncer, ¿cuáles deberían ser los siguientes pasos? ¿Qué financiación debería llevar consigo?

R. Creo que una visión largoplacista es lo más importante: no puedes hacer un plan si no sabes el dinero que vas a tener el año que viene o dentro de dos años. Es verdad que los recursos son finitos, pero si los recursos son predecibles, uno puede organizarse, trabajar mucho mejor y no estar sometido a incertidumbres. Es tan importante que haya financiación como el hecho de que esta sea sostenida y predecible, es una de las cuestiones en las que no puede haber una varianza en la cantidad. Tiene que ser una estrategia de Estado, de forma que, si cambia el Gobierno y quien está al frente, no pueda cambiarse esto, no existe ninguna ideología que no quiera combatir el cáncer. Pero si es verdad que existen ideologías que consideran la gestión de otro modo. En este caso, tendremos que estar de acuerdo todo en que la gestión no es eficaz y no es predecible. Me parece fundamental el hecho de dotar presupuestariamente a 8-10 años vista.

Guillermo Díaz, en una imagen de archivo. © Eugenia Morago.

«Nos parece fundamental el hecho de dotar presupuestariamente la Estrategia de Cáncer a 8-10 años vista»

Luego, el incremento de recursos es interesante, estaría bien saber -hay algunos estudios-, pero no estaría mal que desde el sector público se incentivasen estudios de cuánto la inversión y la mejora en tratamientos de cáncer, cuánto ahorra por otra parte, cuánto permite, más que el activo que los trabaja, gente con ingresos hospitalarios o no, gente más o menos dependiente… Muchas veces cuando se hablar de gasto, no se habla de ahorro que produce ese gasto automáticamente en otra vertiente. No es sencillo, pero se puede hacer. Es importante cada vez que incidamos en tratamiento de cáncer, pero es aplicable a muchas otras áreas. 

Estamos cerca de que los tratamientos de cáncer sean mucho menos gravosos para el paciente en cuanto a consecuencias del tratamiento. Cada día que perdemos en este sentido, son días en que la vida de mucha gente es peor de lo que podría ser.

P. El Gobierno ha presentado el anteproyecto de ley para el Centro Estatal de Salud Pública. ¿Qué opinión le merece a C’s?

R. Esto vuelve a lo que comentaba de que el Ministerio debe coger las riendas. Este Centro Estatal de Salud Pública (CESP) podía ser ese mecanismo para coger las riendas, de manera que el Ministerio lidere situaciones futuras que podamos tener, similares a la que estamos pasando con el coronavirus, y parece que navega que en la indefinición; parece que están cubriendo el expediente, pero no dotando de funciones al CESP. Creo que como el Gobierno depende de muchos partidos nacionalistas, que priman el territorio a la igualdad y atención de los españoles, independientemente de dónde se encuentren, temen molestarles y por eso no se atreven a dotar de competencia y de capacidad organizativa y coordinación al CESP.

Esa es la sensación que nos da y por eso hemos preguntado qué papel va a tener, su naturaleza, si es una Agencia o no, si va a medir la calidad de la sanidad… medir la calidad es decir lo que funciona y lo que no: tratamientos, políticas que se llevan a cabo en determinados puntos de España que son mejores que en otros e implementarlas en todas partes… Hay agencias en el Reino Unido que funcionan muy bien en este sentido, que prueban, que se basan en la evidencia, en la evaluación de las políticas públicas. Nosotros defendemos la evaluación de las políticas públicas en todos los ámbitos del Estado: empleo, educación… Pero qué mejor política pública para evaluar que la sanitaria, que además tiene un montón de científicos trabajando en ella con variables que son mensurables. En este caso, ¿este centro va a hacer eso o vamos a desaprovechar la oportunidad? O por no ofender a algún partido nacionalista no vamos a medir cómo hacen las cosas en la porción de territorio que ellos quieren que sea especial y distinta.

«El CESP puede ser el mecanismo para que el Ministerio coja las riendas [… ] en Reino Unido hay agencias que funcionan muy bien en este sentido»

Esto es lo que nos preocupa, pero también quién va a estar al frente, qué perfil de persona. Todo esto nos lo tienen que aclarar, porque tememos que lo definan muy poco para luego hacer lo que les dé la gana y no se trata de eso. Se trata de reforzar el Ministerio y de una demanda real que hay, que todo el mundo coincidió en el momento más duro de la pandemia, pero ahora que parece que se va relajando, parece que le van a dar la patada a la lata, que cubren el expediente y que no le van a dotar de funciones. Por eso hemos preguntado, no queremos que esto pase.

P. ¿Qué opinión le merece la situación del visado como restricción al uso de los ACOD? ¿Cuál debería ser su futuro más allá de la pandemia?

R. Creo que si se dota tecnológicamente al Ministerio como he dicho, esta digitalización, coordinación y el hacer una Tarjeta Sanitaria Única, como nosotros proponemos y está en los PGE y que el PSOE no ejecuta porque se quejan los nacionalistas, esta unificación de derechos de que una persona se pueda mover por todo el territorio permitiría, además, nos daría soporte, para superar una herramienta que es del mundo analógico, como es el visado. El visado tenía sentido cuando el mundo era de papeles; ahora, que el mundo está interconectado y que, de manera instantánea, algo que sucede en una farmacia en un punto de España se puede saber automáticamente en la administración sanitaria, no tiene sentido. Hay formas mucho más eficaces de llevar un control. Si lo hacen empresas públicas pequeñitas, son capaces de saber qué compra una persona, cuántas veces lo hace… ¿No vamos a ser capaces en el sector público de saber cuántos ACODs percibe una persona?

Guillermo Díaz, en una imagen de archivo. © Eugenia Morago.

En un altísimo porcentaje, los visados lo que han conseguido, y esto se ha medido, el último estudio es de 2006 y no estaría mal volver a hacer otro, pero eran muchos los médicos los que reconocían que no se daba la medicación más adecuada para el paciente por un tema burocrático. En segundo lugar, el segundo motivo, era un tema económico. Y el tercer lugar, era una cuestión clínica. ¿Queremos de verdad que sea la conveniencia del paciente sea el tercer motivo y no el primero por el que no se le da acceso a un tratamiento concreto? Yo creo que no. Con lo cual, algo falla en el visado cuando la burocracia y la economía son los principales motivos por los cuales una persona no accede a un medicamento que está sujeto a visado. No digo que los medicamentos se queden sin control, digo que puede ser otro mucho más eficaz y que la carga de la prueba la tenga la inspección, no la tenga el médico o el paciente. Es decir, que sea la inspección la que determina, no que tengas que pedir a la inspección permiso y que está te responda… esto es lo que hace todo muy farragoso. Y cuánto tiempo porque es también de los profesionales por la existencia del visado.

«El visado es una herramienta del mundo analógico que no tiene sentido en el mundo digital en el que vivimos»

El visado es una herramienta del mundo analógico que no tiene sentido en el mundo digital en el que vivimos y puede ser sustituido por otra que sea rápida, segura, eficaz y garantice que los pacientes reciben el mejor medicamento para la dolencia a la que quieren hacer frente. Además, ahora se puede medir qué ha pasado con la terapia de EPOC; nosotros conseguimos, por una enmienda de Ciudadanos, que se suspendiera, pues que se mire ahora si se ha disparado el consumo de la triple terapia o ha empeorado, o si ha mejorado adherencia terapéutica de los pacientes. Yo invito al Ministerio a que estudie cómo ha afectado la suspensión del visado y estoy convencido de que los resultados son positivos.


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