Premios BiC 2020

Si hay una lección que nos debe dejar la pandemia de la COVID-19 es lo caro que resulta no disponer de vacunas efectivas para ciertas enfermedades infecciosas. Y es que el gasto que supone para el sistema padecer una enfermedad como puede ser la COVID-19, la gripe o la meningitis es mucho mayor comparativamente que el gasto generado por la vacunación. De hecho, según un informe de la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, el coste previsto de la vacunación a lo largo de toda la vida fue de 726,06 euros por cada mujer sana y de 525,89 euros por cada hombre sano durante 2019. Es decir, vacunar a una persona toda su vida es más barato que un Iphone.

En España, el gasto sanitario público en 2017 fue de 68.483 millones de euros, lo que equivale a 1.472 euros por habitante. Mientras, el coste medio de cada ingreso hospitalario es de 4.916 euros. Cifras muy superiores a la inversión que se realiza en vacunación cada año en el país.

Las vacunas son coste efectivas; pero si no se facilita el acceso y se apuesta por concienciar a la sociedad sobre sus beneficios, no aportarán los beneficios que ofrecen

Pero para conseguir esa efectividad y sostenibilidad es necesario conseguir coberturas suficientes que puedan generar la denominada inmunidad colectiva. Aquí es donde debe entrar en juego la conciencia colectiva. Al igual que la sociedad tiene claro el perjuicio que una mala alimentación puede tener en su salud, o hábitos dañinos como fumar o consumir alcohol, debería también recalcarse el beneficio que la vacunación aporta como hábito saludable.

Y más importante aún es facilitar un acceso equitativo a estas vacunas. Sin este acceso es imposible conseguir las inmunidades colectivas necesarias para que enfermedades como la gripe golpeen con fuerza al sistema sanitario, como ocurre cada año. Ahora, a unos meses de que las vacunas frente a la COVID-19 comiencen a llegar a los países, es momento de concienciar; de apostar por la vacunación como hábito sostenible. Solo así conseguiremos frenar la pandemia que lleva poniendo en jaque desde marzo a todos los sistemas sanitarios. Y solo así conseguiremos un sistema sanitario más robusto.


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