Un “cheque en blanco” de 10.000 millones para el SNS

2847
comision europea
Premios BiC

La Covid-19 ha irrumpido en la economía de una manera que, hasta hace poco, pocos anticipaban de manera tan abrupta. El Gobierno habla sin tapujos de “shock económico” en el Programa de Estabilidad y el Plan de Reformas enviado a la Comisión Europea. Y no es para menos.

España, que venía haciendo bien los deberes desde 2014, acabará 2020, según estima la AIReF, con un déficit del 10,9 por ciento, pero tampoco descarta que llegue al 13,8 por ciento en un escenario más adverso. En este panorama, el cheque por valor de 16.000 millones de euros que el Gobierno ofrecerá a las autonomías en el anunciado Fondo No Reembolsable es mucho más que un balón de oxígeno.

No computará para la regla de gasto

Este pago del Gobierno serán transferencias directas, independientes del sistema de financiación y que no computará en la regla de gasto. Las transferencias están divididas en tres tramos: uno económico de 5.000 , otro social de 1.000 y otro sanitario de 10.000 millones de euros. Están dirigidos a paliar el impacto de la pandemia en los sistemas de salud y a prepararlos ante futuros brotes a la vuelta del verano.

A día de hoy, ya sabemos que España se apartará durante algún tiempo de los objetivos de estabilidad fijados a nivel europeo. La obsesión en el pasado de Bruselas de ir recortando el mencionado déficit por debajo del 3 y luego del 2%, camino de una estabilidad presupuestaria,  ha saltado por los aires como una olla a presión.

Bruselas deberá apoyar a España

Se espera que la desviación presupuestaria que se registre en 2020 se empiece a corregir a partir de 2021, pero para ello será necesario algo más que este balón de oxígeno del Gobierno español.

También se necesitará un  ‘flotador’ europeo. Aunque se ha garantizado que todos los Estados miembro de la UE puedan adoptar las medidas necesarias apartándose de la trayectoria de ajuste, toca esperar a las orientaciones y recomendaciones a nuestro país en el ‘Semestre europeo’. Porque cualquier ayuda que Bruselas proporcione lo hará exigiendo en algún momento un ajuste de las cuentas. Lo que un año se permitirá puede negarse el siguiente, y el ajuste vendrá, más pronto que tarde.