Viendo todo lo que está pasando, la sensación que nos da es que los farmacéuticos no parece que tengamos el tratamiento que nos merecemos, en función de la labor sanitaria que desarrollamos.

En algunos aspectos esta sensación viene derivada de planteamientos generalistas que afectan no solo a nuestro colectivo sino a toda una serie de profesionales, por poner un par de ejemplos muy significativos, está el caso de los autónomos a los que el Gobierno de la Nación, de forma lamentable, está literalmente machacando económicamente o como fue en la primera fase de la pandemia,  el abandono que tuvimos que aguantar, respecto del material de protección que se necesitaba en aquel momento.

Ahora el problema es que el desamparo y el maltrato profesional al que se nos tiene sometidos por parte de la Administración Central no es de recibo, como tampoco lo es la obsesión compulsiva de muchos de nuestros representantes institucionales de “despreciar” la vertiente empresarial de la farmacia comunitaria, primando la asistencial como si nos fuera la vida en ello, que diría aquella Vicepresidenta del Gobierno con el 8 de marzo.

Vamos por partes, desde la empresarial entendemos que no es de recibo que el nivel de facturación de la farmacia a través de receta oficial en 2019 sea prácticamente igual que el de hace 13 años, no es de recibo que sucesivamente durante estos años de atrás cada vez más productos sanitarios han ido abandonando nuestro canal de dispensación, no es de recibo que no se nos haya permitido el desarrollo profesional de la farmacia con otros servicios añadidos, que a día de hoy están todavía sin regulación específica, no son de recibo las muchas y continuas medidas que se han tomado por unos partidos y por otros para contener siempre el mismo gasto público, el que se destina a costear los medicamentos de la población en nuestras farmacias, no es de recibo la falta de respeto de las diferentes formaciones políticas que no son capaces ni de cumplir con las promesas electorales que anuncian, en fin, la lista de agravios es interminable y tampoco es cuestión de detallar cada una de ellas ahora.

Sin embargo, lo de hoy en día con la gravísima situación de emergencia que estamos atravesando, que si no podemos vacunar, ni tampoco disponer de vacunas de la gripe, que si no podemos hacer ninguna de las pruebas de detección del COVID, en definitiva que no se aprovechen las enormes posibilidades que ofrece nuestro modelo farmacéutico no tienen perdón de Dios.

Y ya lo de los test rápidos de autodiagnóstico no tiene nombre, resulta que nuestra cooperativa los suministra, el Ministerio anuncia que va estudiar su regulación, la Comunidad de Madrid a la espera y el farmacéutico ajo y agua, todo sea por la nueva normalidad que para nosotros no es sino lo que siempre hemos vivido en nuestras relaciones con los distintos tipos de administraciones de un color u otro, no hubiese sido más lógico esperar a que el escenario hubiese estado claro, que va aquí cuando algo se refiere a las farmacias, cada cual arrima el ascua a su sardina, mientras por el camino nuestras instituciones más preocupadas por otros asuntos menores que por aquellos que nos afectan realmente y encima, sin responder ninguna a las feroces campañas que otros colectivos están llevando a cabo contra los farmacéuticos.

Hubiese sido muy importante, aunque prácticamente imposible por las obvias razones de siempre, ponernos de acuerdo, todas y cada una de las instituciones que tenemos la responsabilidad de defender los intereses de los farmacéuticos, en la mejor forma de evitar que nos socaven el prestigio, que nos hemos ganado día a día, sin ayuda de nadie y por nuestros propios méritos, y que ahora los políticos no quieren valorar.