Lo primero que hizo Salvador Illa al entrar en el Congreso no lo ha hecho antes ningún ministro o ministra de Sanidad… Al menos ninguno que quien suscribe estas líneas haya tenido la ocasión de presenciar. Uno por uno, el ministro se presentó a todos los miembros de la Comisión de Sanidad, un gesto que es mucho más que un gesto. Si alguien dudaba del talante del nuevo ministro ya se puede ir convenciendo. El gesto de Illa fue un buen prolegómeno de una comparecencia que, en general, no defraudó, aunque es en el terreno particular donde, pasada la euforia de su comparecencia, surgen preguntas.

Un Centro Nacional de Terapias Avanzadas, un Libro blanco sobre la transformación digital en el SNS; una Estrategia de Medicina de Precisión, una nueva política farmacéutica en el SNS, una Red Nacional de Evaluación de Medicamentos; una Ley frente a la Resistencia a Antibióticos; una plan específico para abordar la conducta suicida… Tantos fueron los anuncios que hubo quien, como la portavoz del PP, Elvira Velasco, preguntó con ironía al ministro cómo y de dónde, con la que está cayendo con el coronavirus, iba a sacar el tiempo para sacar adelante este programa.

Toca aprovechar el diálogo que se abre para que la mano tendida de Sanidad llegue al sector

Pero lo cierto es que, a toro pasado, más que las presencias lo que llama la atención en el discurso del ministro son las ausencias… No hubo mención a la reforma de la arquitectura del Sistema de Precios de Referencia; ni al (desaparecido) Real Decreto de Precios de Medicamentos y Financiación de Medicamentos. Tampoco hubo mención para las subastas nacionales… Nada que recordara mínimamente los recortes que hay tras las recomendaciones de AIReF e incluidas por el Gobierno, cabe recordar, en el Programa de Estabilidad.

Quizá sea porque no tiene sentido un diálogo para acordar una nueva estrategia en política farmacéutica para luego apostar por una política de hechos consumados. Lo que no tiene ninguna explicación es que la aportación del sector farmacéutico pasara tan desapercibida: el ministro defendió el papel de lo público y, aunque no se pronunció, como quería Rosa Medel, sobre las reversiones, no mencionó a la industria innovadora, ni a la de genéricos, ni a la de biosimilares, ni tampoco a la farmacia. Toca aprovechar el diálogo que se abre en política farmacéutica para que la mano tendida de Sanidad llegue también al sector farmacéutico.