En su número de enero de 2020, la revista Muy Interesante publicó una reflexión sobre el fin del mundo y la fascinación que nos produce. En efecto, nos sentimos atraídos por el Apocalipsis. Vivimos en una cultura dominada por los patrones que marcan el cine, la televisión y la publicidad. Ellos nos han dicho cómo vestirnos, cómo comportarnos, cómo caminar y también qué temer. Y así, nos han hecho adictos a las catástrofes climáticas, a las conspiraciones, a los virus y tecnologías que escapan a nuestro control… Pero es importante marcar barreras porque aquí, en el ‘mundo real’, estos días el Brexit y el coronovarus chino se han unido para pinzar el imaginario colectivo y conviene dejar claro que no es el fin del mundo.

Hacerlo requiere de un esfuerzo aparentemente simple: información responsable. Tanto por quien la emite como por quien la busca. Y conviene remarcarlo: este esfuerzo es simple solo en apariencia, porque la tentación de conseguir clics gracias a un titular llamativo o de obtener nuestra dosis diaria de morbo sin contrastar no es fácil de evitar.

La tentación de conseguir clics o de obtener nuestra dosis de morbo no es fácil de evitar

Es cierto. El Brexit por fin se ha hecho realidad. Durante tres años hemos sido Pedro temiendo la llegada del lobo, y el lobo ya está aquí. ¿Será tan fiero como nos lo han pintado?Partiendo de que nadie tiene una bola de cristal, no hay motivos para pensarlo. Han sido tres años de trabajo intenso a nivel regulatorio y organizacional y de preparación de las compañías. Al inicio de la era post-Brexit, quien peor lo tiene es el sector del life science británico. Su liderazgo internacional depende de una reforma migratoria que le permita contratar expertos de otros países. Por lo demás, a los sitemas sanitarios les definen muchas cualidades, y una de las más importantes es su resiliencia.

En cuanto al coronavirus, la OMS ha declarado la emergencia sanitaria. También es cierto. Pero eso no supone restricciones ni medidas extraordinarias. Se espera que haya más exportación de casos pero las características del virus ya se conocen. Hay herramientas para diagnosticarlo y protegerse. En España, los protocolos están funcionado. Vigilancia y actuación; ni más, ni menos. No infravaloremos peligros, pero no (nos) alarmemos de forma injustificada. Confiemos en la resiliencia, la resistencia y la profesionalidad del sistema.