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Resulta imprescindible reactivar la sociedad, la economía, la vida de las personas. Pero se debe hacer siendo realistas con los riesgos, tomando medidas preventivas y estando alerta. Aquellas actividades asistenciales que se han visto alteradas de manera relevante deben evaluarse y ver la conveniencia de su enfoque. Ya acabó la fase de improvisación.

La “nueva normalidad” aterriza con distintas medidas que tratan de preparar al país para retomar una actividad lo más normal posible.

El Real Decreto-ley 21/2020 de medidas urgentes de prevención, contención y coordinación frente a la crisis de la covid-19 se ha aprobado el 9 de junio. De esta forma, la “nueva normalidad” aterriza con distintas medidas que tratan de preparar al país para retomar una actividad lo más normal posible.

Positivos pero precavidos

A un lado, el pensamiento de que nada es normal y estamos en el fondo de un agujero del que no acabamos de salir. En este lado se sitúa el pesimismo que debemos desechar como opción. El pesimismo y la tristeza te poseen como una droga, te paralizan y dirigen tu mente y tus acciones a que todo es inútil y la desgracia inevitable.

No podemos permitirnos que nuestros líderes, incluyendo los cargos públicos, los representantes profesionales, empresariales y de las distintas organizaciones, caigan en el pesimismo. Por eso no debe ser objeto de crítica el deseo de volver a una normalidad que todos anhelamos, o a algo que se parezca.

Volvamos a una normalidad que es vital

Por eso, es necesario hablar de la “normalidad”, sabiendo que es algo completamente nuevo y que responde a un entorno sin precedentes en el que nos encontramos. Aceptando que debemos continuar con la misma actividad, no es menos relevante ser consciente de los riesgos que siguen existiendo y mostrar la prudencia y prevención adecuada.

Medidas para la “nueva normalidad”


El RDL 21/2020 es necesario para establecer el marco legal de algunas prácticas asistenciales nuevas. Un marco que permita continuar realizando algunas de las tareas que el confinamiento estricto ya obligaba. Uno de estos aspectos es el envío de los medicamentos a los domicilios desde la farmacia de hospital (FH). Se trata, en general y con excepciones de fuerza mayor, de medicamentos DH que son de diagnóstico hospitalario pero que se pueden administrar de manera extrahospitalaria.

La llamada “telefarmacia” ha facilitado el envío de muchos de ellos desde la FH a los domicilios de los pacientes, o al lugar que indicara el paciente según su preferencia (domicilio o incluso el centro de salud).

¿No sería mejor desandar el camino andado para complicar la adquisición de una medicación que hasta hace poco ha estado en la farmacia comunitaria?

Medicamentos DH y cercanía del paciente

Pero este mecanismo, puesto en marcha durante la etapa más aguda de la pandemia y su confinamiento, nos ofrece lecciones que deberíamos retomar. Son varios cientos de medicamentos DH que han salido de la farmacia comunitaria y se han instalado en la farmacia de hospital. Y ahora estamos tratando de prolongar un servicio que el paciente vulnerable necesita: sus medicamentos.

El servicio, magistralmente llevado a cabo por la FH, permite que el paciente decida cómo se le entrega, en su farmacia de barrio o su domicilio (probablemente serán las opciones más solicitadas). ¿No sería mejor desandar el camino andado para complicar la adquisición de una medicación que hasta hace poco ha estado en la farmacia comunitaria? Es importante la cercanía del paciente a la medicación que debe recibir.

El CGCOF lo recuerda en el parlamento


Eso ha quedado explicado y destacado ya en sede parlamentaria, y ha sido puesto sobre la mesa por el presidente del Consejo de Colegios de Farmacéuticos (CGCOF). Ahora que todos piensan en los pacientes y sus nuevas necesidades, es hora de revisar esta cuestionada decisión del pasado. Por eso, los medicamentos DH deben estar donde el paciente los necesita, en su farmacia comunitaria.

Sin duda, le nueva regulación que facilite el regreso a la actividad asistencial normalizada, es una oportunidad para revisar el impacto de decisiones que han perjudicado al paciente en esta pandemia. Afortunadamente, la FH ha sabido organizarse y ha demostrado la importancia clave de desarrollar un servicio que llega de manera ordinaria a casi un millón de personas en toda España desde los hospitales.
Ahora toca retomar la normalidad. Y es preciso tener presente que hay que corregir de manera inmediata la manera en la que algunos medicamentos llegan a los los pacientes, pensando en la cercanía de las boticas.