José Martínez Olmos. Profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) y ex Secretario General de Sanidad 2005-2011 

Inmersos en las consecuencias de las medidas gubernamentales amparadas en la vigente declaración del estado de alarma para luchar frente al Covid-19, afrontamos una situación inédita en la historia reciente de alertas sanitarias globales.

Es la primera vez que una nueva infección, que obliga a la declaración de alerta internacional por parte de la OMS, conlleva unas consecuencias tan graves tanto en la salud global y en la organización de los sistemas sanitarios del mundo, como en la economía global. Desde este punto de vista, es la primera vez que podemos constatar que un nuevo virus está superando todas las previsiones realizadas hasta ahora.

La gestión de la alerta sanitaria por el Covid-19 ha contado, hasta ahora, con un conjunto de decisiones sanitarias apoyadas en criterios técnicos y adoptadas de manera unánime por las administraciones públicas central y autonómica, en el marco del Consejo Interterritorial. Desde este pasado domingo estamos en una fase diferente en la que, debido a la intensidad de la extensión de la infección por el Covid-19, se hacen necesarias medidas drásticas para impedir al máximo el contagio y preparar prioritariamente la respuesta asistencial a los casos más graves: las personas más vulnerables.

Se pretende así hacer viable una disminución drástica de la incidencia de casos de infección por el Covid-19 para evitar daños prevenibles en la salud de la población pero, también, para evitar que los servicios sanitarios se puedan desbordar por la acumulación de casos en periodos cortos de tiempo perjudicando la atención a pacientes críticos.

Tan importantes son las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias como el cumplimiento de las mismas y de los consejos preventivos por parte de cada uno de nosotros. Quedarnos en casa, mantener una distancia entre personas de al menos 1 metro, lavarse frecuentemente las manos, toser o estornudar cubriendo boca y nariz con el codo flexionado o usar pañuelos desechables, son medidas de eficacia preventiva indiscutible.

Tan importantes son las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias como el cumplimiento de las mismas y de los consejos preventivos por parte de cada uno de nosotros.

Por eso es tan importante la aportación de cada persona al éxito de los objetivos señalados. Y por eso es tan importante asegurar que el sistema sanitario pueda evitar la saturación para funcionar con eficacia ante los casos graves y críticos de esta y otras patologías.

Con la declaración del estado de alarma, los poderes públicos disponen de las herramientas legales que ofrecen seguridad jurídica para asegurar el éxito de las medidas sanitarias pero, también, garantizar la unidad de acción, la utilización de todos los recursos, la disponibilidad de los suministros o la seguridad ciudadana, que son imprescindibles en situaciones como esta.

Hay que ser conscientes de que las medidas requieren una enorme disciplina y colaboración ciudadana; también, que puede ser necesario intensificarlas y que pueden durar varias semanas. La respuesta en Europa tenderá a ello, en EEUU y resto del mundo, también. Yo estoy convencido de que la sociedad y nuestros servicios de salud estaremos a la altura.

Cuando esto acabe habrá que valorar como reforzar todos los mecanismos de prevención y de gobernanza global por parte de la OMS, la UE y por parte de nuestro sistema público de salud

Cuando esto acabe habrá que valorar como reforzar todos los mecanismos de prevención y de gobernanza global por parte de la OMS, la UE y por parte de nuestro sistema público de salud. Nuestra sanidad se deberá reforzar, ensanchar y fortalecer, ya que pandemias y alertas sanitarias globales, es muy probable que vuelvan en el futuro. Invertir en prevención seguramente sea una obligación inevitable. También, una decisión deseable.