La salud: una inversión incuestionable

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Durante años hemos creído que las partidas presupuestarias destinadas a los medicamentos con cargo a fondos públicos era un gasto a impedir. Una resta en una ecuación que debía dar positivo. Hasta tal punto, que existía, y perdura aún la idea, de que hay que reducir el “gasto” a través de limitar la prescripción de los medicamentos.
No ha faltado durante años la incorporación de planes para disuadir del “gasto en medicamentos”.

Correcta prescripción si, ahorro a toda costa, no

Incorporar elementos que aseguren la correcta prescripción de los medicamentos, por otro lado, es adecuado. Las guías terapéuticas, los consensos y recomendaciones, o los IPTs van en esta línea. Pero los recursos destinados a los medicamentos, puesto que se utilizan para curar o aliviar una enfermedad, son una inversión.

“Ha tenido que venir una pandemia para poner en evidencia el tremendo error de considerar la sanidad como un gasto imposible de controlar”

La lucha contra la Covid: una inversión

Ha tenido que venir una pandemia para poner en evidencia el tremendo error de considerar la sanidad como un gasto “imposible de controlar”. En España la esperanza de vida es alta, y nuestra sanidad es la más universal del mundo. Todas las personas que lo deseen se tratan en el sistema público. Eso permite tratar a muchas personas y en edades avanzadas. Y cada vez más.

Además, las enfermedades crónicas incrementan su incidencia y prevalencia, y de esta forma el coste de la atención a los mayores. No se puede pensar en gastar menos en sanidad, sino en gastar más.

No quiero insistir en un análisis economicista al recordar que una sociedad sana es más productiva. Y no lo haré porque envejecer de manera sana puede que sólo tenga un beneficio para las personas mayores, que no son una fuerza productiva en términos económicos.
No, llegar a mayor, y hacerlo con salud o correctamente atendidos, es un derecho que en España es posible. Pero hay que descartar el pensamiento de que debemos ahorrar de la sanidad a toda costa.

Menor gasto no es mejor gestión

En el pasado he asistido a reuniones en las que se comparaba el consumo de medicamentos oncológicos en un centro hospitalario en un año y el precedente. La disminución de dicho consumo era interpretada como una “política de control del gasto eficaz”. Se trata de una barbaridad que, por un tiempo, anidó en la mente de gestores poco imaginativos.

Para realizar la comparacion correcta, debes analizar el menor número de tratamientos instaurados, el menor número de pacientes atendidos y curados. No es gastar menos, sino gastar correctamente y conseguir la mayor rentabilidad a través de un mayor número de pacientes tratados.

A favor y en contra

Un ejemplo que muestra que es posible obtener ahorros, y reinvertirlos en tratar más pacientes, son los biosimilares. Con la disminución del precio de éstos se puede ampliar el número de pacientes a tratar, pero no “ahorrar”. Por el contrario, otro ejemplo que muestra la carencia de ahorro es instaurar un visado económico, cuando sólo pretende evitar que se instaure un tratamiento.

“La pandemia nos ha hecho recordar que las inversiones en salud siempre obtienen un retorno a la sociedad”

La seguridad del paciente es la única razón objetiva para un control por visado de la prescripción. Si se prescribe según ficha técnica existe un beneficio para el paciente. En España se dan casos, incluso, que el visado va en contra de la ficha técnica aprobada. Y también del sentido de ahorro, por imponer visados en tratamientos que son, incluso, más económicos. ¿Que razonamiento hay detrás de esto? Al parecer que habrá un incremento de los tratamientos. ¿Y eso es malo? ¿Desde cuándo la prescripción según ficha técnica es una mala praxis?
Sin duda, la pandemia nos ha hecho recordar que las inversiones en salud siempre obtienen un retorno a la sociedad. No nos cuestionamos lo que costará salir de la pandemia.

En pandemia y fuera de ella, el sistema sanitario debe contar con los recursos adecuados para mantener la salud de nuestra sociedad.