Juan López-Belmonte López: El hombre adelantado

1936

Juan López-Belmonte López falleció el pasado lunes en Madrid. López-Belmonte era un hombre visionario y el sector farmacéutico tuvo la suerte de contar con él. Porque Juan hubiera tenido éxito en cualquier actividad que hubiera desarrollado.

Pocas personas se han mostrado más ágiles en la anticipación de escenarios futuros y en la creación de alianzas estratégicas. Estas son las dos características que más he admirado en este gran hombre, un adelantado de su tiempo.

Tuve la ocasión de tratarlo estando al frente de ROVI y cuando mantuvo responsabilidades representando al sector en Farmaindustria. Su carisma brillaba por la sencillez y naturalidad de los grandes de espíritu. López-Belmonte no necesitaba llamar la atención, ni lo perseguía. Su actividad, ganas y su nervio vital siempre estuvo por encima de las personas de su generación, pero también de los más jóvenes.

Juan López-Belmonte López fue galardonado en la décima ed. de los Premios Fundamed a la Trayectoria Profesional (2010).

Cada paso que daba Juan lo hacía en la línea correcta con la debida discreción. Tanto llegó a afirmar que ROVI era una “pequeña compañía” que un día se hizo grande, porque pensaba en cosas grandes actuando desde el realismo.

Consiguió convencer sobre la necesidad de invertir en plantas de producción en España. Y, como recuerda en su “In memoriam” el presidente de Cofares, Eduardo Pastor, empezó a hablar de la necesidad de fabricar vacunas en España hace más de 10 años. No salió a la primera en 2009, pero supo encauzar el proyecto y lanzarlo en 2012 de nuevo.

Esa estela ha llevado a ROVI, dirigido en la actualidad con el sello indiscutible de la familia López-Belmonte, a ser parte activa de la producción de vacunas para la COVID-19.

Una de las cosas que más he admirado en Juan es que decidió dar un paso atrás con la misma sencillez con la que trabajó. Y los que le conocimos y tratamos, también en ese periodo de transición, sabemos que no le faltaba capacidad, a pesar de la edad. Sabía que su relevo en las responsabilidades empresariales debía de ponerse en marcha. También fue visionario en eso, además de mostrar de nuevo la inteligencia de tomar las decisiones adecuadas. Un día ya no estaba al frente, y todo siguió funcionando, con la misma eficacia y discreción de siempre.

Juan nos enseñó con su estilo, entre otras cosas, que los detalles son más importantes que las grandes cifras. Porque lo grande viene siempre como consecuencia de hacer las cosas bien, de los detalles. El sector le recordará como uno de los grandes impulsores de un modelo empresarial de crecimiento del país.