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En los últimos días, cuando los cerca de 71.000 farmacéuticos comunitarios acuden a sus puestos de trabajo como “servicio esencial” que se mantiene abierto , no solo dejan en casa a su pareja, hijos, padres… Desde el 23 de marzo, cuando esos 71.000 profesionales salen de sus domicilios a seguir atenidendo a sus pacientes, también lo hacen dejando en casa la indignación.
Ese día, el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, Fernando Simón, lanzaba unas polémicas —en su análisis más suave— declaraciones al ser cuestionado sobre la (no) necesidad de reforzar la protección (sanitaria) de las farmacias para evitar contagios de sus profesionales. “Entendemos que al igual que un bombero debe apagar un fuego hay colectivos que asumen los riesgos propios de su profesión”.

Población y Gobierno (crea o no en ellas) deben saber que la botica seguirá en la primera línea de la atención; con o sin protección

Las valoraciones de Simón se produjeron en un contexto en el que la farmacia venía ya implorando la necesidad de ser dotados de material de protección para su uso (no venta). Las palabras de Simón, recogiendo su símil con los bomberos, no hicieron sino echar gasolina al fuego. Días después, el ministro de Sanidad intentó apagarlo: “No ha menoscabo ni desconsideración a la labor de los farmacéuticos; son fundamentales”.
Cada farmacéutico decidirá si le valen estas aclaraciones.Pero lo que sí está comprobado es que esta profesión está más que acostumbrada a separar la indignación de su ejercicio profesional. Son “expèrtos” en dejarla en casa..
No lo han hecho con constantes medidas económicas lesivas. Ni cuando se niega por sistema nuevas funciones asistenciales. Ni ante los impagos que padecieron durante dácadas. Tampoco ocurrirá ahora. La población y el Gobierno —crea o no en este colectivo— pueden tenerlo por seguro. Aunque sea sin protección y a costa de su salud…o la de su botica. No olvidemos que ya se están constatando cierres temporales por esos riesgos “mínimos” o “inherentes” de contagio.