¿Están gestionando las mujeres mejor la crisis de la Covid-19?

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Es estadística y es un hecho irrefutable que la prensa internacional ya comenta: los países de más éxito en la lucha contra la pandemia de la Covid-19 están liderados, en su mayoría, por mujeres.

Conocemos y se han estudiado las distintas fases por las que los Gobiernos y sus sociedades afrontan una pandemia. A la de protección de los intereses económicos le sigue el reconocimiento de la urgencia, y finalmente el pánico, a donde ya hemos llegado hace semanas. Pero antes del reconocimiento está la fase de negación que han experimentado la mayoría de los líderes mundiales. Mucho se hablará sobre si el pánico era en sus inicios más o menos justificado, pero el momento de actuar con previsión ya nadie lo pone en duda.

Todos igual de lentos…o no.

El daño económico es indiscutible: paro y crisis sanitaria van de la mano. Todas las fases descritas las hemos podido comprobar en nuestras propias carnes y en las de nuestros vecinos. No sólo España, sino Reino Unido, Italia, Francia, Estados Unidos…¿todas? ¡No! Un país poblado de irreductibles germanos con una mujer al frente se saltó la fase de negación y directamente anunció en su primer discurso televisado (al margen del tradicional de año nuevo): “Estamos ante el mayor desafío desde la II Guerra Mundial“. Es la excepción a los grandes países de Europa; Italia y España multiplican por 4 sus muertos respecto a Italia.

La fase de negación en occidente

Donald Trump aseguraba que la Covid-19 no llegaría a las costas de Estados Unidos.

Boris Johnson estrechaba las manos de los pacientes de Covid-19 mientras se hacía fotos con ellos el 28 de febrero. El 3 de marzo afirmaba: “Estuve en un hospital con varios pacientes con coronavirus anoche. Les di la mano y les seguiré dando la mano”. A mitad de marzo ya reconocía que se trata de una de las peores crisis de salud pública que afrontaba Reino Unido.

El mes de abril incluye el reto de la Igualdad y el impulso del talento femenino abordado por EG.

Los primeros 16 casos confirmados en Lombardia (Italia) llevaron a confinar menos de un 3% del territorio italiano el 21 de febrero. El 2 de marzo con 50 muertos, el primer ministro italiano Giuseppe Conte confina varias regiones del norte de Italia, y el 8 de marzo confina el norte del país. Apenas un día después decreta el confinamiento de toda italia.

El 13 de marzo  el presidente del Gobierno Pedro Sánchez anuncia un confinamiento durante 2 semanas. Hasta 10 días después, en Reino Unido no se tomaron medidas de confinamiento drásticos. El premier británico estaba a punto de ser ingresado en un hospital que le llevó a la UCI durante varios días.

Países que han tenido éxito

Noruega, Finlandia, Islandia, Dinamarca , Nueva Zelanda o Irlanda son ejemplos de países, además de Alemania, que han realizado test y confinamientos “suaves y controlados” y cuentan con ratios de pocas muertes. Todos tienen en común cifras de contagio por debajo de sus vecinos. Todos tienen en común que han conseguido la máxima unidad política y de la propia sociedad.

Todos han desplegado medios (test, material de protección) y han anticipado un confinamiento no extremo, quizás porque tenían otras circunstancias. Pero tienen en común algunas cosas más, como medidas relevantes de apoyo a los confinados y parados, víctimas reales adicionales de esta crisis sanitaria. Y algo más: una mayoría de ellos tienen a una mujer liderando sus Gobiernos.

Mujeres líderes

Quizás a esta crisis le ha sobrado algo de testosterona en todo el mundo, y le ha faltado algo más de eficacia.

Son más empáticas y consiguen transmitir a la población sus preocupaciones y obtener un compromiso de “esfuerzo común”. Son directas en sus mensajes, más creíbles y creativas en las soluciones. The Washington Post ha afirmado que las mujeres han liderado las respuestas más rápidas de protección social a la pandemia de la Covid-19 y están logrando la vuelta al trabajo más temprana. Afirma que tienen menos margen de error porque son más previsoras, más audaces en medidas de protección social y un liderazgo más democrático, más empático, más eficaz y más compasivo.

Quizás a esta crisis le ha sobrado algo de testosterona en todo el mundo, y le ha faltado algo más de eficacia. Comenzando por la OMS y acabando por Estados Unidos, sin duda.