Por Elena Gobartt, gerente de Medical Affairs en Boehringer Ingelheim España.

Elena Gobartt, gerente de Medical Affairs en Boehringer Ingelheim España.

La situación derivada de la crisis sanitaria de la COVID-19 está teniendo una repercusión más acusada en las personas que padecen enfermedades crónicas. Según el tercer informe ‘Impacto de la COVID-19 en las personas con enfermedad crónica’, de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, desde el inicio de la pandemia hasta la actualidad el 31,2% de los pacientes crónicos ha presentado agravamiento de sus enfermedades o ha padecido nueva sintomatología (11,7%). Es decir, el 42,9% de los pacientes crónicos ha experimentado un cambio negativo en su salud.

Es por ello que gran parte de los 19 millones de pacientes crónicos que hay en España aún están lejos de recuperar su anterior calidad de vida. En muchos casos son pluripatológicos, de edad avanzada y frágiles, por lo que requieren una asistencia sanitaria coordinada y presencial para cubrir todas sus necesidades. Si recuperar la rutina habitual de los seguimientos y consultas con los profesionales sanitarios está siendo un reto para muchos pacientes, la propia condición de paciente crónico supone un agravante. La mayoría han sufrido aislamiento domiciliario por miedo al contagio o por la saturación de los servicios de salud, lo que significa que han perdido el seguimiento rutinario con su profesional sanitario de referencia.

El informe de Riesgos de 2020 del Foro Económico Mundial estima que las 4 principales enfermedades no transmisibles (cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes) junto con las enfermedades mentales, han representado a la economía global en términos de tratamientos y pérdida de productividad laboral, un coste en la última década de aproximadamente 47 billones de dólares. A este tipo de pacientes hay que comenzar a sumar las personas que, tras haber sobrevivido al virus SARS-CoV-2, presenta ahora secuelas y síntomas de larga duración.

Las sociedades científicas y asociaciones de profesionales sanitarios insisten en que conseguir un abordaje integral y multidisciplinar es unos de los puntos a mejorar en las políticas relacionadas con la cronicidad en nuestro país. La mejora de la atención a las personas con enfermedades crónicas supondría evitar riesgos como el infra diagnóstico, que acecha la sostenibilidad del sistema sanitario a medio y largo plazo.

Estamos viendo cómo en varias Comunidades Autónomas se están desplegando planes específicos para mejorar la atención sanitaria a la cronicidad. Sin embargo, no sólo es importante reforzar la relación profesional sanitario – paciente, sino que hay que profundizar en la coordinación entre niveles asistenciales, entre profesionales sanitarios (médicos, farmacéuticos y enfermería) y también con los profesionales del ámbito social y de la propia industria farmacéutica. Se deben impulsar medidas que favorezcan la vuelta a la normalidad asistencial lo antes posible y las consultas presenciales, de modo que se garantice una atención integral a las personas con enfermedades crónicas.

Ante esta situación, ¿no sería el momento de considerar la activación de paciente como un eje primordial del nuevo paradigma sanitario?