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Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad… La frase más emblemática de la historia de los vuelos espaciaLes tripulados ha demostrado también su validez en otros contextos. Con permiso de Neil Armstrong, y salvando la distancia que separa la Tierra y la Luna, puede decirse que la publicación de la hoja de ruta de la Estrategia Farmacéutica de la UE es un pequeño primer paso, tras el cual se esconde un gran salto para el sector farmacéutico europeo.

Mucho se va a hablar de la industria, la farmacia y la distribución en meses venideros. Hablamos de un sector cuyo compromiso durante la pandemia ha sido innegable. Pero también de uno de los sectores más demonizados que existen. Por primera vez, la Comisión ha decidido ponerle el cascabel el gato y hablar de grises frente a quienes se han atrincherado en el blanco y el negro. Lo más relevante de esta hoja de ruta es su espíritu conciliador entre dos corrientes que parecían antagónicas: la de la innovación y la del acceso. La Comisión nos dice que no son enemigas; ni están reñidas la una con la otra. Nadie podrá negar la valentía de Ursula von der Leyen y de Stella Kyriakides.

El resultado de la estrategia farmacéutica de la UE debe ser el marco estable, predecible y moderno que el sector demanda y se merece a la luz de la pandemia

Tras ese mensaje, aparentemente simple, se esconden objetivos muy complejos y en ninguno habrá respuestas fáciles. En torno al acceso, la estrategia pretende abordar la escasez de medicamentos, la falta de nuevos antibióticos, la fabricación europea o los riesgos medioambientales derivados con ella y la sostenibilidad de los sistemas sanitarios. Bajo la consideración de que “las nuevas terapias deben ser clínicamente mejores que las alternativas existentes y ser coste-eficientes”, la hoja de ruta abre el melón del beneficio clínico de las innovaciones.

En torno a la innovación se abordan también cuestiones incómodas, como la alineación de la I+D en torno a necesidades no cubiertas y de salud pública, la financiación y capitalización de la investigación biotecnológica con sede en la UE o las barreras regulatorias.

Hoy sabemos que Neil Armstrong no improvisó su famosa frase. La dejo escrita antes de despegar de Cabo Cañaberal. Así debe ser. Esta hoja de ruta tampoco debe dejar margen a la improvisación. El resultado debe ser el marco estable, predecible y moderno que el sector farmacéutico demanda y se merece a la luz de la pandemia.