Como es habitual en la naturaleza de los virus, el SARS-CoV-2 sigue mutando para sobrevivir. Aunque las noticias de nuevas variantes, como el caso de Ómicron puedan hacer saltar la alarma social, la comunidad investigadora ha vuelto a mostrar su capacidad de reacción, hallando datos para acabar con las dudas que puedan surgir.

Desde Europa, la respuesta ha sido clara: no hay indicios que hagan dudar de la eficacia de las vacunas ante esta variante. No obstante, tanto las compañías con vacunas contra la COVID-19 como la Agencia Europea del Medicamento (EMA) estudian ya las posibles implicaciones que pueda tener Ómicron, para dar una respuesta coordinada y eficaz. Tanto es así que desde la EMA apuntan que, si finalmente se presentan evidencias que certifiquen la utilidad de adaptar las vacunas a esta variante, las nuevas versiones podrían estar disponibles “en un plazo de tres o cuatro meses”.

A nivel particular, tanto la alianza formada por Pfizer y BioNTech como la compañía Moderna han informado ya de que están haciendo pruebas en laboratorio para corroborar la eficacia de sus vacunas o averiguar si es necesario realizar una adaptación de las mismas a esta nueva variante. Si se confirma el peor de los escenarios, ambas empresas han señalado que serían capaces de contar con la nueva vacuna en un plazo inferior a dos días.

La industria farmacéutica y los agentes implicados en la lucha contra la pandemia vuelven a mostrar su compromiso para lograr que, cuanto antes, la COVID-19 se conjugue en pasado

También las compañías involucradas en la investigación y desarrollo de tratamientos para la COVID-19 han activado ya la maquinaria para ver como interactúan estos fármacos contra Ómicron. Así, desde GSK y Vir Biotechnology, compañías encargadas de la I+D de sotrovimab (anticuerpo monoclonal frente a este coronavirus) anunciaban que contaban con datos preclínicos que certifican la eficacia de esta terapia ante la nueva variante tan solo unos días después de que se identificase la misma. También ha seguido este camino Gilead, empresa implicada en el desarrollo de remdesivir. En un análisis in vitro de Ómicron, no han identificado ninguna mutación que interfiera en la actividad del fármaco para evitar la progresión de la COVID-19.

Así, la industria farmacéutica y los agentes implicados en la lucha contra la pandemia vuelven a mostrar su compromiso con los pacientes, desplegando todos sus recursos para lograr que cuanto antes, todo lo relativo a la COVID-19 se conjugue en pasado.