Premios BiC

Hay muchas razones por las cuales un político, cuando llega a una institución, decide hacer de un determinado asunto una prioridad política. A veces se trata de una cuestión de valores; a veces de intereses económicos; otras pueden deberse a intereses electoralistas… Pero cuando se habla de cáncer, también hay otro motivo. Uno puramente personal. Así empieza el discurso con el que Ursula von der Leyen anunció el lanzamiento de la consulta para definir un Plan Europeo contra el cáncer. Quien no lo haya leído no debería perder la oportunidad.

Si miramos las cifras y estimaciones en torno al cáncer, es fácil sentirse identificado con esas palabras. La lucha contra el cáncer es algo personal porque en Europa se diagnostica un nuevo caso cada 9 segundos; porque es la segunda causa de muerte por detrás de las enfermedades cardiovasculares; porque de aquí a 2035 los casos podrían duplicarse… En definitiva, porque, epidemiológicamente, el 40 por ciento de los europeos tendrá (tendremos) que enfrentarnos a un cáncer en nuestra vida.

Si miramos las cifras, es fácil darse cuenta de por qué la lucha contra el cáncer es algo personal

Gracias al ministro de Sanidad, Salvador Illa, sabemos que la definición del plan europeo se producirá en paralelo a la ansiada actualización de la Estrategia Nacional del Cáncer, una de las mayores demandas del sector sanitario español. No es casual, sin duda, que la priorización política vaya de la mano a nivel nacional y comunitario. Así debe de ser. Como tampoco puede ser casual que, coincidiendo con esta voluntad política decidida por avanzar juntos en cáncer, el panorama investigador haya dado un salto estratosférico.

La secuenciación genómica del cáncer es un hito en la historia, llamado sin exagerar a plantear un antes y un después. Tardaremos días o semanas en ser conscientes de la cantidad de puertas y ventanas que abre descubrir, por ejemplo, que una persona con cáncer tiene hasta cinco alteraciones genéticas.

En la lucha contra el cáncer no partimos de cero. De hecho, todo cuanto hemos sabido hasta ahora es lo que nos ha permitido llegar hasta donde estamos, en este punto en el que parece que apenas acabamos de empezar a comprender el cáncer. La nueva revolución en el abordaje de la oncología está a punto de empezar y promete ser una década prodigiosa. No perdamos ninguna oportunidad.