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No es casualidad que de manera casi unánime las políticas más extendidas durante la crisis sean las menos preferidas por los agentes de la cadena, y no sólo los industriales
| 2016-10-07T12:52:25+02:00 h |

A a veces uno puede no saber lo que quiere pero siempre debe tener claro aquello que no quiere. Esta reflexión es un buen punto de partida desde el cual analizar los pros y las contras de cualquier decisión, sobre todo si lo que se necesita es buscar salidas ante aquellos dilemas que se muestran más esquivos y díficiles de consensuar. El sector farmacéutico (y no solo hablamos de los agentes industriales de la cadena, sino también de los pacientes, las autoridades y los pagadores) sabe lo que no quiere. Y sin lugar a dudas es un buen punto de partida, porque lo que no quiere es justo lo que se viene haciendo en Europa desde hace muchos años.

No es posible achacar a la casualidad que de manera casi unánime el Sistema de Precios de Referencia Internacional, las subastas, los copagos y los descuentos, rebajas y recortes de precios a las compañías carguen, por ese orden, con los farolillos rojos en cuanto a las políticas preferidas para lograr equilibrar los objetivos de acceso al medicamento, sostenibilidad de los sistemas sanitarios y recompensa de la innovación. Estos sistemas, los que nadie quiere, o para ser más exacto los que se quieren en último lugar, no sólo ‘clásicos’ en Europa sino que también son los que más han proliferado durante los años de crisis económica.

¿Por qué? La respuesta no deja de ser aventurada, pero los autores del estudio que por primera vez ha intentado averiguar las preferencias de todo el sector farmacéutico en materia de políticas del medicamento creen que el motivo puede ser el hecho de que no existan alternativas a este modelo. Pero que ese modelo debe cambiarse parece fuera de toda duda.

El mismo estudio ofrece una salida a este dilema. Alternativas, las hay. Lo que no hay es alternativas consensuadas. ¿Dobles precios? ¿Precio basado en valor? ¿Evaluación sistemática? ¿Transparencia en las decisiones? Cualquiera de estas opciones (o un mix de todas ellas) implicará cesiones, bien por parte de las autoridades, bien por parte de los pacientes, bien por parte de los agentes industriales de la cadena del medicamento.

El dilema está claro. Ceder o no, y hasta qué punto. Aquí, desde España, ya se ha visto a dónde conduce la estrategia del ‘no es no’. A un camino sin salida. O más bien a una salida, a secas. No es momento de intentar llevarse el gato al agua, sino de impulsar un cambio en el que todos ganen.