Estados Unidos ha anunciado esta semana su intención de suspender de forma temporal las patentes de las vacunas frente a la COVID-19. El argumento es que así se conseguirá avanzar en la vacunación, facilitando que otros países puedan aumentar su producción. Pero, ¿realmente esta será la solución?. Hay que tener en cuenta que el proceso de producción de una vacuna es complicado. A diferencia de otros fármacos de síntesis química, donde la producción se puede escalonar sin principales problemas.

En el caso de las vacunas el proceso se complica, pues se trata de productos biológicos que se obtienen a partir de organismos vivos. Estas, por su complejidad, tienen que cumplir los máximos estándares de calidad y seguridad, produciéndose en una atmósfera controlada y bajo estrictas condiciones de asepsia. En promedio, se necesitan entre 12 y 36 meses para fabricar una vacuna antes de que esté lista para su distribución y contando siempre con que no surjan problemas durante los procesos de fabricación.

Estados Unidos se suma a la liberalización de patentes al tiempo que aumenta su acopio de vacunas. En marzo, por ejemplo, el país no exportó viales a otros países

A esta dificultad en su producción hay que sumar la limitación en las instalaciones disponibles en todo el mundo. Algo de lo que ya alertaron numerosos expertos al inicio de la crisis sanitaria. El propio Bill Gates planteaba entonces la posibilidad de invertir en la construcción de nuevos centros de producción, aunque su preparación podría llevar años. Todo esto, lleva a preveer que, aún con la liberalización de patentes, los países no puedan aumentar su capacidad de producción, al menos en un corto plazo de tiempo.
Además, llama la atención que sea Estados Unidos el país que lance esta propuesta, pues es uno de los que más acopio de vacunas está realizando. En total, en marzo de 2021, China produjo 229 millones de dosis de vacunas, de las cuales exportó 109 millones; Estados Unidos, en ese mismo mes, produjo 164 millones de dosis y no registró exportaciones. Entonces, ¿por qué el país intenta buscar la solución en la liberalización de patentes?. Incluso la Unión Europea, registra exportaciones o acuerdos con el fondo COVAX para compartir el suministro de vacunas.

Por tanto, parece que el problema de suministro no es tanto un tema de propiedad intelectual como de solidaridad de los estados. Si de verdad queremos acabar con la pandemia, hagamos un buen reparto de recursos.