Desde que irrumpió la pandemia, son muchas las ocasiones en las que la profesión farmacéutica ha llamado a la puerta de las Administraciones ofreciéndose a jugar un mayor papel en la lucha contra la pandemia. Algunas de esas puertas han sido abiertas, otras han quedado entornadas… Y también, huelga decir, las ha habido que han permanecido cerradas a cal y canto.

Algunas de las actuaciones de la farmacia que han tenido una respuesta positiva de las Administraciones tenían como destino, precisamente, otras puertas: la de los domicilios de los pacientes. Funciones encaminadas a acercar los tratamientos al paciente que ya se venían gestando en experiencias puntuales antes de la pandemia han sido impulsadas al albor de la COVID-19. Cuestión de necesidad. Es el caso de la atención farmacéutica domiciliaria o la conocida como telefarmacia: la dispensación a domicilio de medicamentos hospitalarios (o con entrega en la botica de referencia del paciente, en su versión alternativa).

Las Administraciones han apoyado esta nueva asistencia domiciliaria bien de facto —permitiendo su realización en el citado contexto de necesidad— o sustentándolas en normativas ‘temporales’, como fue el caso de la telefarmacia en el RD de Nueva Normalidad. Por ello, ahora que se abre un nuevo curso, la farmacia vuelve a llamar a la puerta de las Administraciones con una solicitud: asentar definitivamente estos servicios.

En el caso de la AFD, algunas CC.AA ya han hecho hueco en sus normativas para recoger esta función, si bien, como contrapunto, de forma matizada y/o limitada. En lo conceptual y la práctica. Proximamente puede llegar el turno de Madrid, donde el Gobierno regional mantiene sus intenciones de tramitar una nueva Ley de Farmacia que incluya esta función.

Respecto a la telefarmacia, representantes del Ministerio de Sanidad ya vienen insistiendo en que “ha venido para quedarse”. Incluso, la propia ministra Carolina Darias anunció que la futura reforma de la Ley de Garantías debe recoger lo que denominó ”dispensación coordinada” entre farmacia hospitalaria y farmacia comunitaria.

En definitiva, un nuevo curso en el que la farmacia quiere ir a la puerta del paciente. Ello le obligará, previamente, a ir “puerta a puerta” de las Administraciones..