La revisión de la legislación farmacéutica europea se está retrasando en el tiempo. Y es que un paquete farmacéutico de tal calibre y a nivel de la UE no es para andar con prisas. El problema son las oportunidades que pueden quedarse por el camino. Y la industria ya lleva una larga lista de ellas.

En primer lugar, la pérdida de competitividad europea al “poner barreras a la innovación”. Icíar Sanz de Madrid, directora de Asuntos Internacionales de Farmaindustria, apunta en una entrevista a EG a la necesidad de “reposicionar a Europa como una potencia en el sector”. En ello coincide Juan Yermo, director de Farmaindustria, quien señala que “los europeos se enfrentan a un menor acceso tanto a nuevos medicamentos como a la posibilidad de participar en ensayos clínicos pioneros, pues la I+D de nuevos tratamientos se está trasladando cada vez más a Estados Unidos y Asia”.

El sector de la industria lleva la cuenta de todas las posibilidades que la legislación farmacéutica podría no aprovechar

Por tanto, desde Farmaindustria consideran prioritario impulsar un sistema de incentivos a la innovación que atraiga el talento y la investigación a Europa, promover un sistema de acceso temprano a los fármacos, fortalecer el mercado de medicamentos huérfanos o establecer requisitos adecuados para asegurar el suministro.

Precisamente, la Efpia estima que la nueva normativa podría llevar a la pérdida de 45 medicamentos huérfanos en 15 años. “Los planes para reformar la regulación de la UE sobre terapias de enfermedades raras corren el riesgo de socavar dos décadas de progreso”, exponen. Se refieren a dos propuestas de la Comisión Europea: por un lado, la de introducir un límite de siete años a la validez de designación huérfana y, por otro, la de acortar el periodo de exclusividad comercial de los actuales diez años a nueve años como protección base. Como consecuencia, esta situación “podría privar a alrededor de 1,5 millones de pacientes europeos con enfermedades raras de una opción de tratamiento novedosa, y al continente de alrededor de 4.500 millones de euros en gasto en I+D”, denuncia.

Se ha repetido hasta la saciedad, pero Europa no se puede permitir tanta pérdida de innovación. Los pacientes necesitan soluciones y deberían poder estar a su alcance.


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