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Sobrepasado el verano de la COVID-19, los gobiernos de todo el mundo siguen inmersos en implementar soluciones a las tres grandes lecciones que ha dejado la pandemia: fortalecer sus sistemas de salud, contar con un sector estratégico, como es el farmacéutico, como aliado para satisfacer las necesidades básicas y mantener una apuesta clara por la I+D biomédica. La Estrategia Farmacéutica de la UE se sitúa en el epicentro de este triángulo, y alineada con otras iniciativas clave para definir el futuro de la sociedad: la Estrategia Industrial, la Estrategia Digital, el Plan Europeo contra el Cáncer y el Pacto Verde.

Rubricar una estrategia farmacéutica sólida es un un deseo compartido por todos. Su necesidad está más que justificada a tenor de las 242 opiniones que ha recabado la consulta a la hoja de ruta de la Comisión, y todavía está por cerrar una segunda consulta. Estas primeras opiniones dejan bastante claro el ‘QUÉ’ se quiere: crear un sistema con perspectivas de futuro, resiliente a futuras crisis, que combine acceso e innovación, que aproveche la digitalización, que asegure que la I+D responde a las necesidades de los pacientes, que recupere industria europea, que reduzca la huella ambiental, que aborde las resistencias…

LA CLAVE DE LA ESTRATEGIA RADICARÁ EN DAR VOZ A TODOS, NO SOLO DE MANERA PREVIA Y POR ESCRITO, SINO DE FORMA CONTINUA, A TRAVÉS DE UN FORO DE ALTO NIVEL

Pero la clave, claro, no estará en el ‘QUÉ’, sino en el ‘CÓMO’. Como dijo Farmaindustria, “con qué instrumentos se pretenden lograr estos objetivos”. Aquí es donde aparecían las preocupaciones lógicas de la industria “si no se establecen a partir del diálogo y la participación de todos”.

Los temores de la industria

La industria teme que, en lugar de reforzar un sector clave en la lucha contra la pandemia, la Estrategia Farmacéutica derive en la llegada de nuevas medidas unilaterales en los Estados miembro que debiliten los derechos de propiedad industrial o que actúen sobre los precios de los medicamentos hasta el punto de que no sólo no contribuyan a que Europa recupere terreno en I+D y tejido industrial en un ámbito tan estratégico como éste, sino que pierda capacidad de competir a nivel internacional.

Evitar esto implica dar voz a todos, no solo de manera previa y por escrito, sino de forma continua, a través de un foro de alto nivel, incluso una vez se apruebe la Estrategia, para asegurar que el resultado es algo ‘vivo’ y adaptable a los continuos cambios que acontecen en el sector.

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