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Semana a semana, los debates que se suceden en el Congreso de los Diputados van quitando capas de lustre a la unidad inquebrantable con la que comenzó la gestión de la crisis del coronavirus.

En la cuarta votación del estado de alarma, la aprobación del Congreso sólo se consiguió gracias a las negociaciones mantenidas el día anterior con Ciudadanos y PNV y a la abstención del PP. La aritmética parlamentaria presenta una geometría cada vez más variable que puede poner en peligro los logros conseguidos después, quizá no de sangre, pero sí de mucho sudor y lágrimas.

Pero incluso en las peores circunstancias conviene no renunciar al optimismo. En este caso, la esperanza está en la trascendental Comisión no permanente para la Reconstrucción Social y Económica, que ha quedado constituida el 7 de mayo con Patxi López como presidente. López ganó en segunda votación frente a una rival de la máxima categoría: Ana Pastor.

Los acuerdos y los pactos han venido muy ligados a la figura de ambos. Lo cierto es que nadie sin esa capacidad podría haber accedido a la Presidencia del Congreso de los Diputados. Y los dos lo han hecho. Él, posteriormente, puso esa capacidad al servicio de los pactos sanitarios como presidente de la Comisión de Sanidad de la Cámara Baja. Ella lo hizo hace tiempo, como ministra de Sanidad.

Reconforta saber también que, más allá de ellos, hay en esta Comisión figuras sanitarias lo suficientemente relevantes como para asegurar que el pacto que debe salir adelante incluye las reformas necesarias para el SNS, uno de los pilares de esta comisión: nos referimos a figuras como María Luisa Carcedo, José María Echániz, Ana Prieto o Concepción Gamarra.

El plan de trabajo tendrá una duración inicial —prorrogable— de dos meses antes de emitir un dictamen con recomendaciones y resoluciones para su aprobación en Pleno. No todo el debate político está perdido.