La profesión farmacéutica tiene que entender que aquí no hay ni malos ni buenos, ni interesese comerciales, ni motivos ocultos; ni por un lado, ni por el otro
| 2017-03-03T12:13:03+01:00 h |

Desde el primer momento en el que un farmacéutico comunitario y otro hospitalario se enzarzan como si discutieran en una taberna, desde ese preciso instante, pierde la profesión. Se echan por tierra los avances, los consensos, el trabajo colaborativo y cualquier medida destinada a aprovechar lo mejor de cada una de las especialidades de las que consta la farmacia. Una pena que una vez más, la desunión y la confrontación hayan salido de dentro. Divide et impera, divide y vencerás. Sin más y con el agravante de que ha sido la propia farmacia la que se ha pegado ‘un tiro en el pie’ y no ha necesitado de la desestabilización de otros agentes del sector o de algún otro colectivo para intentar sembrar la discordia. Y, evidentemente, muchos se frotan las manos ante este nuevo desencuentro de la profesión farmacéutica.

Con sus argumentos o sin ellos, con la razón o sin ella, hoy por hoy ninguna de las dos partes tiene razón. Más bien se la quitan y anulan sus argumentos. Qué necesario es trabajar juntos y qué importante es tener claro lo necesario. Ni más ni menos. Pero no, aquí lo fundamental es llevarse el gato al agua sin pensar si quiera un instante en las necesidades de colectivos como los pacientes que reclaman sentido común y soluciones. Y eso pasa porque la profesión entienda que aquí no hay malos ni buenos, que no hay motivos comerciales ni intereses ocultos. Ni por un lado, ni por el otro. Al final, lo que debería existir es un trabajo colaborativo. Los informes, la materia gris debe centrarse en lo que de verdad importa sin mas ambages ni luchas de poder, de egos o quién sabe qué. En el instante en el que eso suceda, todos se darán cuenta de lo cerca que se encuentran sus argumentos y lo necesario que es trabajar juntos, codo con codo. La farmacia comunitaria y la farmacia hospitalaria son complementarias, necesarias cada una en su ámbito y así lo tienen que entender. Comprender eso y ser conscientes de que el trabajo de uno no anula al del otro. Que donde no llegue una, llegará la otra.

Esto no quiere decir que se pueda analizar desde un lado la labor del otro, que más allá de un corporativismo mal entendido, se puedan señalar aspectos de mejora de una u otra parte, pero evidentemente no de la manera que nos ocupa. Actuar así es dar alas a los que, pese a las evidencias, siguen si reconocer el papel de la farmacia. Divide et impera.