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El matemático francés Henri Poincaré decía que siempre hay que dudar de los datos hasta que estos no dejen lugar a duda. Pues bien, la patronal de la industria europea, Efpia, publicaba estos días un informe, realizado por el Instituto Sueco de Economía de la Salud, en el que se puede ver cómo la mortalidad por cáncer en Europa ha bajado de manera significativa en los últimos 20 años. Aunque entre 1995 y 2018 la incidencia de casos de cáncer ha aumentado casi un 50 por ciento, la mortalidad sólo lo ha hecho en un 20 por ciento. A esto se suma el hecho de que la Agencia Europea del Medicamento aprobó una media de diez medicamentos oncológicos nuevos cada año entre 2012 y 2018, en comparación con los cuatro al año del periodo de 2001 a 2011.

No hace falta profundizar mucho para ver una relación directa entre ese aumento en las aprobaciones y, por tanto, en la llegada de innovaciones para los pacientes, y la disminución de la mortalidad. Así, como decía el matemático francés, estos datos no dejan lugar a duda de que la apuesta por más innovación se traduce siempre en más supervivencia.

El cambio en el abordaje terapéutico de muchos tumores, impulsado por la llegada de tratamientos cada vez más dirigidos y eficaces, como la inmunoterapia o terapias dirigidas, están transformando la realidad del cáncer.

Sin embargo, el desarrollo de nuevas terapias, aunque es fundamental, no es suficiente, los estados deben adoptar planes específicos y aumentar sus inversiones para avanzar en disminuir la prevalencia de estas patologías. El estudio de la Efpia es claro: Si el statu quo se mantiene (menos natalidad y más envejecimiento) continuará aumentando la incidencia y la mortalidad en Europa. Los expertos señalan que sin medidas de mejora en 2040 se añadirían 775.000 nuevos diagnósticos al año y se producirían 550.000 muertes adicionales. No hay lugar a duda.

Una vez más la innovación muestra sus resultados: aumenta la prevalencia pero disminuye la mortalidad en cáncer