Hay determinados servicios que no deben estar sometidos a ese yugo que supone limitar su análisis al aprovechamiento que se esté haciendo de ellas. Es cuestión de derechos o accesibilidad, estadísticas aparte. A nivel social, podría ser el caso de la accesibilidad al transporte público. ¿Debe una Administración retirar el servicio de autobús o tren a una población, o en determinadas franjas horarias, porque no es ‘rentable’ a tenor de una baja cifra de usuarios? La respuesta (negativa) parece obvia.

En el ámbito sanitario, esa prioridad cobra si cabe más relevancia. Desde cuestiones muy relevantes y generales —como puede ser la existencia y/o mantenimiento de servicios sanitarios en el ámbito rural, a pesar del descenso poblacional— a cuestiones particulares. Ahora que se han cumplido dos meses desde que se habilitó el libre acceso a pruebas de autodiagnóstico de COVID-19 en las farmacias españolas sin necesidad de receta, EG ha realizado un balance de la medida que bien refleja esta disyuntiva.

Al cumplirse dos meses de que se habilitó la libre dispensación de autotest de COVID-19, EG ha realizado un balance que coincide con las valoraciones de todas las partes

Quien solo se base en números o estadísticas, como la cifra de unidades dispensadas de estas pruebas y su evolución a la baja desde julio dirá que todo fue “flor de un día”. Hay quien ya ha adoptado este mensaje. Mientras que en los primeros días de este libre acceso se computaban millones de unidades dispensadas en boticas y se agotaban stock, actualmente las ventas son esporádicas. Pero no se puede obviar que, ‘boom’ del estreno al margen, la bajada general de la incidencia de la COVID-19 en España también influye. A menor número de cadenas de transmisión activas y casos positivos, menos necesidad de recurrir a estas pruebas diagnósticas ante sospechas de infecciones.

Pero, aprovechamiento al margen, la medida fue en origen, viene siendo y seguirá siendo acertada. Así se valora de forma unánime desde las Administraciones, profesionales, asociaciones y usuarios. La población española —como ya disfrutaba buena parte de la sociedad europea— tiene el derecho de acceder a estas pruebas autodiagnósticas y a través de un canal de garantía y confianza como es la farmacia. Cuando quieran y acaben siendo, o no, una referencia más del stock, sin notoriedad especial, de las cerca de 8.000 “activas” que manejan las farmacias. Y, si nos quedamos en los números, también lo son miles de positivos que se han detectado ya gracias a estos autotest.


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