Opinión

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Santiago de Quiroga Editor de EG | viernes, 25 de enero de 2019 h |

Cada vez resulta más difícil asegurar la demanda de vacunas y son necesarios nuevos enfoques

Resulta sencillo reconocer que la Salud Pública es un área cuyo protagonismo está en crecimiento. Se trata de impulsar y ejecutar políticas para prevenir, incluyendo el diseño de planes y estrategias adecuados. Dentro de las políticas de Salud Pública, la vacunación es una de las intervenciones sanitarias más coste-eficaces que existen. Pero las vacunas tienen algunas connotaciones particulares que las diferencian de los medicamentos: su producción no puede incrementarse de manera inmediata con más materia prima, producción galénica y acondicionado. Las vacunas son un producto biotecnológico producido por líneas celulares cuya puesta en funcionamiento requiere de años. Esto limita la producción de vacunas y responde con dificultad (o mejor dicho, no responde) al incremento repentino de la demanda. Esta situación tiene otras implicaciones. Una de ellas tiene que ver con el mercado global. Con la última pandemia de Gripe A, países como Francia o Estados Unidos destacaban que su demanda interna de vacunas estaba cubierta con las plantas de producción dentro de sus fronteras. Otros países han recurrido a reservar o planificar la adquisición de vacunas en grandes cantidades y eso reduce la disponibilidad. O dicho de otra forma, cada vez resulta más difícil asegurar que las vacunas que se requieren estén disponibles porque los pocos productores mundiales que existen (MSD, GSK, Sanofi y Pfizer) tienen una demanda creciente. La globalidad es una realidad y en ella también anida el pernicioso efecto del movimiento antivacunas, que se amplifica en las redes sociales y pone en peligro la seguridad del sistema de prevención. La elevada cobertura vacunal (como ocurre en España respecto a otros países de la UE) es clave para alcanzar la protección correcta. El movimiento antivacunas, aún siendo minoritario, produce daños irreparables con consecuencias dramáticas. Estos retos deben afrontarse con una perspectiva general, con los agentes (productores, sociedades científicas, pacientes y ciudadanos) y las administraciones e instituciones sanitarias trabajando y estudiando cómo hacer frente a estos y otros retos. Las vacunas requieren también de nuevos enfoques: más información a médicos y sociedad, más colaboración y más confianza de todos.