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Santiago de Quiroga Presidente Editor de EG | viernes, 14 de octubre de 2016 h |

Parecía que se trataba de buenos y malos, asi se han expresado algunos de los eurodiputados que han seguido atentamente la presentación de Soledad Cabezón en la Eurocámara, autora del informe, en borrador, sobre las opciones de la UE para mejorar el acceso a los medicamentos. Un debate que ha producido una fractura en los eurodiputados, por un lado los que suscriben el borrador, tal y como está, y por otro lado los que piensan que se está poniendo en peligro el empleo, las inversiones y la propia innovación europea.

Las principales dudas del informe las ponen sobre la mesa desde Francia y Alemania. En primer lugar, los precios de los medicamentos no los decide de manera unilateral la industria, como se afirma. Cada vez más se trata de negociaciones con los responsables de la compra pública de medicamentos. El informe asegura que se debe corregir el procedimiento, incluyendo un margen razonable tras evaluar los costes de producción y desarrollo. Eso será posible con una molécula de cada 10.000. ¿Qué hacemos con las pérdidas ocasionadas con el desarrollo de las otras 9.999 que no han conseguido llegar al paciente? El documento ha dejado un poso amargo, dando la impresión de que la “la industria no es bienvenida”. Poco influyó la afirmación preliminar de Soledad Cabezón dejando claro que no va contra la industria; su informe lo pone en entredicho.

Las generalizaciones son malas, y es cierto que la pregunta no es cómo reducir el precio de los medicamentos innovadores, sino cómo consigo incrementar la innovación. Las autoridades sanitarias europeas están deseando que se investiguen antibióticos eficaces contra las bacterias resistentes. ¿Está dispuesta a reconocer esa innovación, por ejemplo? ¿O vamos a preocuparnos porque sea un precio “ajustado” a la producción y desarrolo con un margen razonable? Si conseguimos que haya un margen “razonable”, no será posible invertir cantidades elevadas en investigación, y Europa perderá la innovación.

Es evidente que los precios deben ser revisados, y que es necesario avanzar en este terreno, pero no se puede argumentar mediante desequilibrios. El apoyo de los médicos españoles viene de la mano de Juan José Rodríguez Sendín (OMC), con el que no coincido en algunos planteamientos. Sin embargo, entiendo que Sendín, que ha cuestionado las patentes, apoye sin fisuras el actual borrador de la eurodiputada. Pero no son todos los médicos.

A nadie le gusta la exclusividad de las patentes, ni la propiedad privada. Pero la respetamos. Es como pretender asaltar la caja fuerte del banco para repartirla entre los más pobres, al tiempo que pedimos más créditos. Entiendo que un sector con altos beneficios debe justificar muy bien qué hace con éstos: ¿no se trata del sector que más invierte en I+D, del orden del 20% en la actualidad, e incluso más? Sin beneficios no habrá inversión. Tampoco creo que los pacientes se opongan a la innovación. Ni individualmente ni sus colectivos. Puede que la intención sea buena, pero la percepción de la Eurocámara se ha dividido en dos, y ahora falta por sumar el tamaño de ambas partes. De eso dependerá el informe final.

El documento ha dejado
un poso amargo,
da la impresión
de que la industria no es bienvenida

Seguiremos la pista…

El Parlamento Europeo inicia el debate sobre “el acceso a los medicamentos” pero lo que se discute es el margen de la innovación. ¿Es posible invertir altas cantidades en innovación sin un beneficio igualmente elevado?

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