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Antonio Nieto Director de
El Global
| viernes, 09 de febrero de 2018 h |

Parece que la política farmacéutica se mueve. O al menos la que tiene que poner en marcha el Ministerio de Sanidad. Después de un tiempo de barbecho en el que los responsables ministeriales han tenido tiempo de trabajar con cierta tranquilidad, empezamos a conocer medidas que parecen ir bien encaminadas y que se toman pensando en el presente sí, pero mucho en el futuro. De lo que ocurra con el acuerdo alcanzado con Biogen para el uso de Spinraza dependerán muchos contratos futuros en innovaciones terapéuticas disruptivas y con un alto coste en cuanto a su incorporación. De ahí que haya que aplaudir este tipo de iniciativas y mantenerse expectantes de cara a ver cómo han funcionado y si finalmente será exportable a más innovaciones. Es interesante, en cualquier caso, comprobar que se empieza a cambiar la manera de abordar el acceso y que se incorporan los resultados en salud. Llega la hora de demostrar la valía y la utilidad de un a través de resultados en vida real fruto de su uso en la práctica clínica. Buenas noticias, sin duda.

La necesidad de dinamizar el sector en relación a los aspectos normativos que están encima de la mesa nos lleva también a desear pasos adelante en cuanto al desarrollo de los genéricos, como ya vimos la semana pasada, y de los biosimilares. Biosim ya ha mostrado su total voluntad a alcanzar un acuerdo similar al de Farmaindustria con los ministerios de Sanidad y Hacienda. Una doble apuesta por la sostenibilidad la que pone sobre la mesa la patronal de los medicamentos biosimilares sabedora de su potencial y su utilidad como herramienta de ahorro y acceso.

Apostar, arriesgarse, es innovar. Y estos dos ejemplos muestran claramente que hay que actualizar conceptos, renovar estructuras e incorporar nuevos elementos a la ecuación para alcanzar el equilibrio entre sostenibilidad e innovación.