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Jordi Faus
Jordi Faus, abogado-socio en Faus & Moliner

El Gobierno acaba de anunciar la aprobación de una transferencia de crédito de 25,8 millones de euros al Ministerio de Ciencia e Innovación, dirigida a la Estrategia Española de Medicina Personalizada. El destinatario de los fondos será el Instituto de Salud Carlos III y la iniciativa, dice la nota de prensa, se inscribe dentro del Plan de Choque para la Ciencia y la Innovación, aprobado por el Gobierno el pasado 14 de julio de 2020.

En primer lugar, cabe felicitar a quienes hayan impulsado la iniciativa y su dotación. Siendo rigurosos, la felicitación debería matizarse en función de las expectativas, pero cualquiera que hayan sido éstas, la realidad es que la mera existencia del Plan de Choque y de la Estrategia de Medicina Personalizada seguramente son una buena plataforma, probablemente indispensable, para canalizar parte de los fondos que España recibirá en virtud del acuerdo sobre el Plan de recuperación aprobado por la Unión Europea. Es muy importante que en España se vayan creando plataformas de este tipo, por cuanto el instrumento con mayor dotación en el Plan europeo, el llamado “Mecanismo de Recuperación y Resiliencia” (560.000 millones de euros, de los cuales 310.000 se destinarán a subvenciones y 250.000, a préstamos) priorizará en particular planes nacionales en los ámbitos de transición ecológica y digital.

Una Estrategia como es ésta de la Medicina Personalizada, con acciones concretas en planes como el de Big-Data Salud, de Medicina Genómica, de Terapias Avanzadas y Personalizadas, de Medicina Predictiva o de Formación en Medicina de Precisión, con independencia de su dotación inicial (que francamente parece baja), debería encajar perfectamente en los objetivos del Semestre Europeo y merecer la atención de quienes en su momento decidan el destino de los fondos que España recibirá de la UE. En este sentido, bienvenida sea.

Por otro lado, creo que será bueno no olvidar que en el ámbito de la medicina personalizada van a jugar un papel determinante los medicamentos de terapia avanzada. Por ello sería aconsejable que la Estrategia de Medicina Personalizada tome en consideración los trabajos de la “Pharmaceutical Strategy for Europe“, en la que la Comisión Europea está trabajando (la consulta pública está abierta hasta el 15 de septiembre).

Una Estrategia de Medicina Personalizada, en este sentido, debe velar por garantizar el acceso a los medicamentos y a los tratamientos en condiciones de equidad y en plazos adecuados; por una financiación pública sostenible y ajustada al valor que aporte el producto, por un uso adecuado de las tecnologías digitales y también por impulsar el desarrollo y la competitividad de la industria europea. No son objetivos sencillos, como es obvio, pero sin duda deben merecer toda la atención de quienes puedan incidir en las políticas públicas orientadas a su consecución.

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