Esther Martín del Campo Madrid | viernes, 17 de noviembre de 2017 h |

La llamada medicina de precisión ya tiene un recorrido en patologías como el cáncer, y una dirección clara. Ahora también puede tener un espacio en enfermedades crónicas como la diabetes. Sobre esta reflexión, que corresponde a Ramón Gomis, director de la Cátedra Fundación Astrazéneca y del Institut d’Investigacions Biomédiques Agusti Pi i Sunyer Idibaps, se ha centrado el tercer debate organizado por la entidad. Siguiendo el modelo Karl Popper, dos especialistas, Jorge Ferrer, del Imperial College London, y Alberto Barberà, director general de Investigación e Innovación en Salud de la Generalitat de Catalunya, ofrecieron su visión sobre la aplicación de la medicina personalizada en esta patología.

Gomis explica a GACETA MÉDICA las principales conclusiones de este encuentro. “La medicina personalizada es viable en diabetes. Llevará a un conocimiento más profundo que tendrán nuestros médicos sobre la patología y supondrá una innovación en la forma de tratar a los pacientes”, afirma.

Los especialistas, subraya, auguran un fuerte desarrollo también de la farmacogenómica en este campo, así como el avance de nuevos modelos asistenciales que permitan una mayor participación de los proveedores. “Si se introduce un nuevo medicamento, quizá debemos compartir estas decisiones profesionales, administración y las compañías que los desarrollan, como ya sucede con algunos fármacos en fórmulas como los contratos de riesgo compartido”, expone.

Gomis añade que en algunas formas de diabetes, como la diabetes monogénica, “ya estamos llegando a ello”. Es un porcentaje muy pequeño, apenas el uno por ciento de toda la población diabética, pero aquí los genes nos están dando ya información sobre qué fármacos necesitan, apunta el especialista.

No obstante, la aplicación de la medicina de precisión en la diabetes, en el sentido más amplio, llevará un desarrollo más largo, en su opinión. “Ferrer, que ya está desarrollando un proyecto en Londres, advertía que probablemente en cinco años habrá adelantos”, indica el portavoz.

Gomis argumenta que hoy en día secuenciar un genoma cuesta alrededor de 600 euros y en los próximos años bajará a la mitad. “Con esta herramienta, el médico, que todavía tiene que formarse en ello, dispondrá de una información en su equipo sobre las variantes de interés en cada paciente”, puntualiza.

Por su parte, Barberá apuntaba a que el proceso necesitaba una formación por parte del profesional, y una aportación por parte de la industria farmacéutica, que son los proveedores, y también de la propia administración. Este especialista también confía en que haya novedades en los próximos cinco o seis años.

Asimismo, los expertos analizaron la coste eficacia de este tipo de intervenciones. Gomis resume que a corto plazo puede ser visto como una inversión, aunque ahorrará costes a largo plazo, en la medida que ayudará a prevenir complicaciones y asegurará que se utilizan solo las intervenciones que son eficaces. La inversión más costosa es la propia formación, expone. A día de hoy, muchos análisis y pruebas médicas pueden costar más de lo que supondrá en cinco años la secuenciación del genoma, que llegará a realizarse por 200 euros, según sus estimaciones.

El mensaje final de este encuentro no es otro que la medicina de precisión es el futuro también en diabetes.