Siempre recordaremos 2020 como el año en el que nuestras vidas cambiaron, perdimos parte de nuestra libertad y aprendimos a valorar mucho más la salud y la labor de los profesionales sanitarios.

Un año en el que se puso a prueba a la humanidad y en el que los farmacéuticos de todos los ámbitos respondimos dando lo mejor de nosotros mismos y nos ofrecimos a colaborar en la lucha contra la COVID-19.

La farmacia ha permanecido siempre abierta, garantizando, incluso en los peores momentos, el suministro de medicamentos a toda la población y extremando las medidas de seguridad e higiene para ser un espacio más seguro donde todos los ciudadanos pueden acceder directamente al profesional sanitario más cercano, que les da información veraz y desmiente los diferentes bulos que se han ido propagando a lo largo de la pandemia.

La red de farmacias ha demostrado su valor añadido realizando diferentes servicios sanitarios, en unas comunidades autónomas más que en otras, aunque en ninguna se está aprovechando todo el potencial que podría ofrecer la farmacia.

La entrega, por parte del farmacéutico, de medicamentos y productos sanitarios a personas aisladas en sus domicilios permite que los pacientes más vulnerables puedan disponer de su medicación y de la atención farmacéutica necesaria sin tener que desplazarse. La atención farmacéutica domiciliaria está siendo muy valorada por la población y es un servicio con futuro.

Para que los pacientes no tengan que desplazarse al hospital, se les acercan los medicamentos hospitalarios a través de la farmacia comunitaria, de manera que la dispensación la realizan los farmacéuticos de hospital y la entrega los farmacéuticos comunitarios, estableciendo un circuito entre los dos niveles asistenciales, con todas las garantías que conlleva. Algo que debería mantenerse en el tiempo, al igual que la entrega de medicamentos extranjeros en la que la farmacia también está colaborando.

2020 ha sido el año en el que nuestras vidas cambiaron y aprendimos a valorar mucho más la salud; un año en el que se puso a prueba a la humanidad y en el que los farmacéuticos de todos los ámbitos hemos respondido dando lo mejor de nosotros mismos

La falta de atención presencial en los centros de salud y el retraso en las citas telefónicas para la renovación de recetas provocó que se derivase a numerosos pacientes a las farmacias para la toma de la presión arterial o para que les dispensaran anticipadamente medicamentos. En algunas comunidades autónomas permitieron a los farmacéuticos prolongar las prescripciones, pero en otras los farmacéuticos tienen que dispensar anticipadamente los medicamentos sin amparo legal. Un problema que ya existía y para el que llevamos años pidiendo una solución, como ya han hecho en otros países.

Los farmacéuticos colaboramos también en el control de la distribución y dispensación de medicamentos con cloroquina e hidroxicloroquina, que se utilizaban como una de las alternativas de tratamiento en pacientes con infección por COVID-19, a fin de evitar el desabastecimiento y que las personas con lupus o artritis reumatoide pudieran seguir disponiendo de sus tratamientos.

Se han firmado diferentes convenios de colaboración entre Colegios de Farmacéuticos y Consejerías de Sanidad para, desde las farmacias, ayudar a frenar la expansión del virus SARS-CoV-2 con acciones como la detección y derivación de posibles pacientes de COVID-19, la realización de test rápidos, la recogida de muestra de saliva o la entrega de mascarillas gratuitas.

Hay que destacar también otras colaboraciones de los farmacéuticos como el convenio con la Guardia Civil para la detección y alerta temprana de problemas que afectan a la seguridad de las personas vulnerables, o como la colaboración en la lucha contra la violencia de género.
Todas estas acciones, entre otras, demuestran que la farmacia juega un papel importante en la lucha contra COVID-19, y aún podría ofrecer una ayuda mayor si se olvidaran las reticencias y los prejuicios a los que siempre hemos estado sometidos, a pesar de nuestra capacitación y de los conocimientos que poseemos.

La realización de test rápidos en la farmacia provocó una absurda oposición de profesionales que se cuestionaban si el farmacéutico estaba capacitado para realizar el test, cuando ahora son los propios usuarios los que lo realizan en sus domicilios. El farmacéutico no solo está plenamente capacitado para realizarlo, sino que además, en caso de un resultado positivo, registraría el resultado, mientras que no hay certeza de que la persona lo declare.

Llevamos años diciendo que, para obtener los mejores resultados en salud, la farmacia debe integrarse en la atención primaria y complementar a los centros de salud. Ha llegado el momento de tener las mentes abiertas y utilizar todos los recursos disponibles para hacer frente a la pandemia.

Todos los profesionales sanitarios somos necesarios y debemos coordinarnos y colaborar, no solo en los test rápidos o en las tomas de muestras, sino también en la vacunación frente a COVID-19 y en la farmacovigilancia de las vacunas. Esto permitiría vacunar a la población en el menor tiempo posible, y así, entre todos, conseguir vencer de una vez por todas a este virus que tanto nos ha arrebatado.