El año de los datos

Por Stefanos Tsamousis, director general de Roche Farma España.

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Los dos años que llevamos sufriendo la pandemia de Covid constituyen, sin lugar a dudas, uno de los periodos más duros de nuestro pasado reciente, tanto por el enorme coste sufrido en términos de morbilidad y mortalidad, como por el impacto del coronavirus en el tejido económico e incluso en la salud mental de colectivos especialmente vulnerables.

En lo que se refiere a la sanidad, la pandemia ha tensionado al sistema hasta límites insospechados, suponiendo para los profesionales una carga de trabajo y de estrés adicional que, sin embargo y pese a todas las dificultades, no les ha impedido seguir cuidando de nuestra salud, junto con el resto de los agentes que participan de la asistencia sanitaria. Nos han demostrado hasta qué punto constituyen uno de los activos más importantes para nuestra sociedad y para nuestro futuro.

Pero no todo han sido efectos negativos, por mucho que estos hayan estado y sigan estando tan presentes entre nosotros. La pandemia nos ha demostrado hasta dónde podemos llegar cuando trabajamos juntos. La mejor prueba la encontramos en el sistema sanitario, donde, gracias a la colaboración público-privada entre todos (gobiernos, industria, profesionales sanitarios, investigadores, organismos internacionales y otras muchas entidades e instituciones) hemos sido capaces de desarrollar y aplicar soluciones en tiempo récord para poner coto a la pandemia de Covid.

“Este avance de la colaboración público-privada ha permitido impulsar, en paralelo, otros desarrollos en el ámbito sanitario, tanto en la I+D de nuevos medicamentos como el acceso a la innovación, donde la pandemia ha abierto la puerta a nuevas posibilidades con las autoridades regulatorias”

Me refiero, claro está, a las nuevas vacunas, hasta ahora la principal arma contra la pandemia, pero también a los avances en el ámbito del diagnóstico temprano (mediante el desarrollo de test) y al abordaje de pacientes a través de nuevos fármacos. Para lograrlo se han batido todos los récords que tradicionalmente existían en el sector para desarrollar nuevas opciones terapéuticas para los pacientes.

Todo este avance de la colaboración público-privada ha permitido impulsar, en paralelo, otros desarrollos en el ámbito sanitario, tanto en la I+D de nuevos medicamentos como el acceso a la innovación, donde la pandemia ha abierto la puerta a nuevas posibilidades con las autoridades regulatorias que están llamadas a permitir agilizar la evaluación de nuevas terapias mientras se garantiza la sostenibilidad futura del sistema.

En Roche Farma estamos seguros de que, en el año que ahora empieza, esta tendencia no hará más que intensificarse, en especial en aquellos campos de la asistencia sanitaria que están llamados a tener una mayor influencia a la hora de marcar las líneas maestras de la sanidad del futuro, como la medicina personalizada de precisión.

Este nuevo paradigma de asistencia sanitaria, que es ya una realidad en determinados tipos de cáncer, algunas enfermedades poco frecuentes y en ámbitos como las neurociencias y la oftalmología, consiste en aplicar tratamientos que se acoplan perfectamente al perfil genético y molecular de la patología que sufre para una persona en particular, como individuo. Pero es mucho más, porque ese tratamiento solo es posible si antes se ha llevado a cabo un diagnóstico molecular, y ambas fases –diagnóstico y tratamiento de precisión—solo van a ser posibles, con los resultados deseados, si se asientan sobre el desarrollo de las nuevas herramientas de manejo de enormes cantidades de datos clínicos (big data) y de la vida real de los individuos (real word data) mediante aplicaciones de inteligencia artificial y machine learning.

Este desarrollo de las ciencias de la gestión de datos (data science) es clave para que esta idea, aparentemente simple, de ofrecer a cada paciente el tratamiento adecuado en el momento concreto en que lo necesita, sea una realidad en nuestro entorno. Es por ello que todo lo relacionado con la correcta gestión de los datos, tanto a escala individual como agregada, será una de las claves de este 2022, y tendrá que avanzar en paralelo a los avances en las nuevas herramientas de diagnóstico y las terapias avanzadas para acelerar la implantación de la medicina personalizada, que a va a ser sin duda el paradigma dominante en la asistencia sanitaria al menos en la primera mitad de este siglo.

Pero para asumir este nuevo enfoque es necesario, de nuevo, la colaboración de todos, y que todos los agentes entiendan que esta revolución que supone la medicina personalizada se asienta sobre la base de los datos y la digitalización. En Roche pensamos que este enfoque es clave si queremos cumplir con nuestra ambición de compañía para esta década: ofrecer de tres a cinco veces más avances médicos a los pacientes a la mitad de coste para la sociedad.

Aunque estamos aún dando los primeros pasos, no hay duda de que 2022 será un año crítico para asentar esta nueva medicina basada en los datos y para asegurar que España no pierda la oportunidad de brindar a los pacientes este abordaje personalizado que constituye, sin lugar a dudas, el futuro del cuidado de la salud.