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Las vías respiratorias y el sistema inmunitario pueden estar sometidos a duras pruebas en cualquier estación del año. No solo en el invierno. De hecho, su equilibrio puede alterarse a causa de fluctuaciones de temperatura bruscas debidos al cambio de estación, al aire acondicionado, a una calefacción excesiva y a la estancia prolongada en ambientes cerrados y concurridos.
Durante el período de pandemia por SARS-CoV-2 se ha acentuado de un modo especial la atención a un buen estado de salud del sistema respiratorio y de las defensas inmunitarias y será todavía mayor en los próximos meses. Precisamente, por este motivo es necesario poner una mayor atención en la prevención personal, profilaxis que se debería mantener siempre frente a todos los virus gripales para limitar el riesgo de contagio.

Cuidar las vías respiratorias

Pero, además, es necesario prestar atención a las vías respiratorias, pues son las dos puertas que ponen en contacto con el ambiente exterior. Éstas funcionan como verdaderas entradas para los agentes externos potencialmente nocivos, como alérgenos, bacterias y virus, e incluso para las partículas presentes en el medioambiente. De manera que estas dos vías (boca y nariz) pueden limitar la entrada de los agentes externos, y lo hacen. La nariz funciona como un auténtico detector del aire; tiene la función de analizarlo químicamente para después humidificarlo, calentarlo y purificarlo de forma que llegue a los pulmones en las mejores condiciones posibles. Por otra parte se encuentra la garganta, que funciona como una defensa gracias a la mucosa faríngea y al «anillo de Waldeyer», un sistema que rodea las cavidades de la garganta y está formado por las amígdalas y las adenoides o vegetaciones.

Mantener cuidados

Pero, ¿cómo se deben cuidar las vías respiratorias altas? Se debe actuar preventivamente de manera continua y observar una correcta higiene diaria de la nariz y de la boca. Lavarse las manos a menudo, evitar tocarse los ojos y proteger la nariz y la boca con una mascarilla es fundamental.
Además, se puede acompañar estas buenas prácticas higiénicas con acciones más específicas. Por ejemplo, realizando un lavado de las fosas nasales todas las mañanas para llevar a cabo una acción de limpieza profunda eliminando el exceso de moco y los agentes patógenos, irritantes y alergénicos, como virus, bacterias, humo, contaminación, pólenes y sustancias irritantes.
Y las praxis higiénicas preventivas deben aplicarse también a la cavidad oral mediante enjuagues y gargarismos para favorecer la eliminación de los agentes irritantes y mejorar así el control del microambiente y la protección de la boca. Por último, es importante incluir la protección de la mucosa de la garganta con sprays de acción específica para garantizar una prevención a 360 grados.Todo ello será de gran ayuda para evitar contraer enfermedades no deseadas estos meses.