Una dura lección

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Por Guillermo Díazportavoz de sanidad de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

El 2020 ha sido un año de duras lecciones. Hemos aprendido a golpes y a costa de mucho dolor y mucho sufrimiento. Las enseñanzas son variadas.

Una de las principales es que el Ministerio de Sanidad estaba hueco. El PP y el PSOE, durante décadas, habían confundido la descentralización con el desmantelamiento del Ministerio. Nunca previeron que pudiera hacer falta en algún momento una coordinación a nivel nacional. Alguna crisis alimentaria o las advertencias de un par de zoonosis previas, no bastaron para hacer una prueba de estrés a las costuras del Ministerio. Una pandemia pertenecía al género de la ciencia ficción, por eso se subestimó tanto en un inicio. Pagamos caro esa suerte de Pedro y el Lobo sanitario que amagó en las ocasiones anteriores. Por lo tanto: hay que reconstruir un Ministerio fuerte, bien dotado y referencia del Consejo Interterritorial.

Una de las principales ventajas que teníamos frente al virus y respecto a la pandemia de principios del siglo pasado, era la capacidad de que la información esté en cualquier punto del planeta de forma instantánea. Pues bien, también, la burocracia se encargó de pulverizar esta ventaja. Cada Comunidad Autónoma con su sistema, nadie trabajaba con los mismos formatos, era más fácil entenderse entre Wuhan y Madrid, que entre Madrid y Bilbao. Se ha llegado a rellenar excell y a pasar la información de un sistema a otro en pdf ¡en la era del Big data! Por tanto: actualización tecnológica del SNS.

Si no ha colapsado la Sanidad española, ha sido por sus profesionales. Ha sostenido sobre sus hercúleas espaldas toda la presión, aumentada por las carencias de otras dependencias del sistema. Es urgente incrementar los recursos humanos, mejorar las condiciones retributivas y dotar de estabilidad al personal sanitario.

Por último: hay que reforzar España como destino de la industria farmacéutica. Somos una potencia. Todo el globo se va a poner a trabajar en estar mejor pertrechados frente a seguras pandemias que nos esperan en el futuro, aprovechemos nuestra posición de ventaja en este aspecto, que las fobias de una parte del Gobierno de España no nos lastren a todos. Si hace falta que pongamos un Palacio de Invierno de cartón piedra para que los ministros de Podemos lo asalten un par de veces al mes, pues lo hacemos, pero que dejen trabajar a los demás.

Decenas de miles de españoles ya no volverán a estar entre nosotros. Murieron sufriendo y en soledad. La única forma de que tanto dolor, tantas vidas rotas y familias arruinadas no sean en vano, es rectificar. No hacerlo, sería de una estupidez imperdonable.