¿Qué sanidad queremos, y podemos tener, tras dos años de pandemia?

Por Miguel Rodríguez, ex consejero de Sanidad de Cantabria.

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Cuando han pasado casi dos años desde que llegó la COVID-19, parece buen momento para reflexionar sobre la pandemia y la sanidad. Son muchas las preguntas, porque nos enfrentamos a un virus que se manifiesta en múltiples variantes, cada una con sus características, y que hace que los retos sean muchos y que el sistema sanitario tenga que adaptarse continuamente a cada escenario.

Esta última ola, en la que Ómicron ha pasado a ser la variante dominante, ha implicado cosas nuevas. Por ejemplo, el virus se trasmite con facilidad entre personas vacunadas, lo cual evapora nuestra esperanza de que la vacuna proteja frente al contagio, si bien es cierto que, como en otras ondas epidémicas, la protección frente a la enfermedad grave se mantiene muy elevada.

En mi opinión, con el paso del tiempo tenemos más motivos para seguir apelando a la prudencia y para seguir pidiendo a la población que se vacune.

Hasta ahora la vacuna se ha revelado como el arma más efectiva para minimizar el impacto del virus. La dosis adicional mejora mucho su efectividad. Los expertos siempre han advertido de que la vacuna no impide ni la infección ni la transmisión, pero la evidencia de los datos demuestra que, de producirse, cursa con menos gravedad. Y hay que insistir en mantener las medidas sanitarias universales, sobre todo ventilación y uso de mascarilla en interiores. No hay que relajarse en ese sentido.

Esas cautelas son la mejor arma frente al virus. Tanto para tratar de sortear la enfermedad como para, a la vez, mantener la mayor normalidad posible en todos los ámbitos de nuestra vida: el social, el laboral y también el económico. Porque sin salud no hay nada. Lo hemos visto de forma más patente con esta última ola, cuando la explosión de contagios ha supuesto un número de casos positivos récord y se han disparado las bajas laborales hasta cifras inéditas, muy por encima de las registradas en anteriores olas. Ha habido sectores, entre ellos el sanitario, pero también otros muchos, cuyas plantillas se han visto mermadas y han pasado momentos puntuales de dificultad para cubrir las bajas provocadas por covid-19. Porque, por desgracia, el virus sigue ahí.

El gran interrogante al que nos enfrentamos, una vez más, es la evolución futura del SARS-CoV-2 y de su transmisión: ¿Cómo serán las próximas ondas epidémicas?, ¿cuándo se van a producir? ¿será una infección respiratoria estacional?, ¿las próximas variantes serán más virulentas?…

No tenemos una bola de cristal y es difícil aventurar qué nos deparará el futuro, pero desde luego lo mejor que podemos hacer es guiarnos por los que saben: los científicos, los técnicos, quienes han estudiado e investigado, y los que siguen haciéndolo, para poder afrontar en las mejores condiciones esta situación.

En este contexto, cabe pensar cómo está afrontando nuestro sistema sanitario este virus, qué necesidades había ya antes de que se manifestara y cuáles están aflorando, y qué lecciones debemos aprender para mantener una sanidad en las mejores condiciones posibles. Y me voy a centrar sobre todo en la Atención Primaria, que es la más cercana al usuario.

Los centros de salud y los consultorios han sufrido con esta última onda una saturación general que ha provocado demoras y que ha obligado a los profesionales a priorizar la atención y prestación de cuidados. En ocasiones, y de forma totalmente comprensible, estos retrasos y esperas no han sido entendidos por los ciudadanos. Pero hay que decir que la atención primaria ya adolecía antes de la pandemia de problemas y de cierto agotamiento, algo que el virus ha hecho más evidente.

El ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas están impulsando un plan específico con dotación económica, muy necesario para reforzar la atención primaria. Sin duda es un hito, pero creo que todos deberíamos pararnos a pensar sobre la urgencia de destinar más presupuesto a una sanidad que, con esta pandemia, está demandando más recursos que nunca.

También es cierto que, aunque es importantísimo y clave para poder avanzar, no todo es el dinero. Por un lado es necesario que se creen más plazas MIR en determinadas especialidades médicas que son deficitarias, y también que se adopten medidas organizativas que permitan una mayor flexibilidad.

“Todos deberíamos pararnos a pensar sobre la urgencia de destinar más presupuesto a una sanidad que, con esta pandemia, está demandando más recursos que nunca”

El cambio que necesita nuestro Sistema Nacional de Salud es un cambio sustancial, que debería emprenderse desde el mayor consenso posible y en el que todos los agentes implicados deben afanarse para lograr un acuerdo por encima de sus intereses específicos, haciendo un esfuerzo por anteponer los de los pacientes.

También es clave la sensibilización en salud, dado que cuanto más educada sanitariamente esté la población y más contribuya a sus propios cuidados, menos necesidad tendremos de estructuras sanitarias para atender procesos agudos y realmente pondremos el peso del sistema sanitario donde tiene que estar, en la prevención, en la salud pública y en la educación sanitaria desde la atención primaria, que es donde reside gran parte del desafío actual.