Premios BiC
Luis
González
Presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid | jueves, 21 de febrero de 2019 h |

La campaña que desde hace más de tres años llevan impulsando los dirigentes de la profesión enfermera contra la llamada ‘farmacia comunitaria’ y todo lo que este concepto, que no comparto, lleva asociado ha acabado impregnando el discurso y la acción política de algunos partidos. Donde antes había apoyos y compromisos para impulsar los nuevos servicios de atención farmacéutica y la mayor implicación asistencial de la oficina de farmacia, ahora se exigen límites y se imponen vetos que amenazan con paralizar o, más bien, retrasar el proceso emprendido por la profesión farmacéutica.

El proyecto de Ley de Farmacia de la Comunidad de Madrid se ha convertido así en objeto de disputa del viejo corporativismo profesional y de una forma de entender el Sistema Nacional de Salud excluyente, donde se sigue compartimentando a los profesionales en categorías y ámbitos de atención y donde se margina o menosprecia todo lo que no es cien por cien público y, en última instancia, todo lo que tiene que ver con la eficacia y el mejor uso de los recursos disponibles al alcance de la sociedad.

Los enfermeros entendieron que la norma que se tramita en la Asamblea regional era su gran oportunidad para escenificar una ‘guerra’ competencial que nadie más que ellos alimenta y que tampoco han podido acreditar, si nos ceñimos al literal del texto y a las funciones profesionales que la actual regulación reconoce a los farmacéuticos.

De muy poco ha servido sentarse a dialogar y a analizar con rigor el proyecto con los representantes de la Enfermería cuando la intención no era llegar a un acuerdo, sino tratar de frenar por todos los medios las legítimas aspiraciones de un colectivo profesional que desea implicarse más a fondo en el seguimiento farmacoterapéutico de unos pacientes que parecen considerar de su propiedad. Y para ello han utilizado, para rubor de muchos de sus colegiados, todo tipo de eslóganes y pasquines de trazo muy grueso para descalificar, manipular y, en última instancia, chantajear la voluntad de nuestros políticos con la proximidad de la cita electoral, unos políticos que, hasta entonces, no habían visto ningún motivo para oponerse al contenido de la Ley de Farmacia.

Ni que decir tiene que la campaña enfermera ha sentado un precedente nefasto para el Sistema Nacional de Salud. Además de atizar el choque profesional cuando justo se trata de todo lo contrario, esto es, de fomentar la mayor colaboración interprofesional y la continuidad asistencial en beneficio del paciente, lanza un mensaje muy negativo a la Sanidad.

En primer lugar, la campaña enfermera demuestra que todo vale con el fin de sacar adelante unos intereses corporativos que nada tienen que ver la mejora de la atención sanitaria de los pacientes. Es el resultado una vez más del fracaso político de no alcanzar un Pacto de Estado por la Sanidad que destierre de este ámbito el recurso demagógico a etiquetar con eslóganes falaces como la privatización de la sanidad, que también han utilizado en esta ocasión los enfermeros. Y más grave aún es que un colectivo sanitario se arrogue el derecho a bloquear la iniciativa de otro en el legítimo uso de sus competencias y capacidades profesionales por un falso conflicto competencial. Por esta vía, mucho me temo, se condena al fracaso cualquier intento de cambiar o reformar el sistema de salud, ya que, inevitablemente, siempre deberá contar con el apoyo y participación de sus profesionales.

Por nuestra parte, nada cambia. Siempre hemos actuado de la misma forma y lo seguiremos haciendo. Con lealtad hacia nuestras instituciones y, por eso, mantenemos una excelente línea de colaboración con el actual Gobierno de la Comunidad de Madrid que ha fraguado, entre otras muchas cosas, en la firma de un importante Convenio que nos permite asumir un mayor papel en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, además de asegurar el pago prioritario de las recetas médicas. Con rigor en todo lo que hacemos en nombre de nuestros colegiados, como es el caso del actual proyecto de Ley, avalado por nuestros servicios jurídicos y también por los de la Comunidad de Madrid, como no podía ser de otra forma, y que responde a necesidades reales de la población, también a una realidad demográfica incuestionable como es el envejecimiento y, por supuesto, a las aspiraciones profesionales del colectivo que represento. Con constancia, a la hora de promover iniciativas profesionales que generen valor como son nuestros Grupos de trabajo e investigación en Atención Farmacéutica. Y, por supuesto, seguimos con la mano tendida, abriendo espacios de encuentro para el acuerdo y el consenso con humildad, con optimismo porque eso no nos lo quita nadie y siempre con la pasión que nos mueve nuestra profesión.

El futuro de la Farmacia será el que los farmacéuticos quieran y este Colegio defenderá estos principios, le pese a quien le pese. Estamos convencidos de que tenemos mucho que aportar y estamos demostrando con resultados los beneficios para la salud y los ahorros que generamos al sistema. Considero que es el momento de asumir un mayor protagonismo en la atención sanitaria. Sin duda, estamos preparados y, sobre todo, estamos formados para hacerlo realidad.


“La campaña enfermera demuestra que todo vale con el fin de sacar adelante unos intereses corporativos que nada tienen que ver la mejora de la atención sanitaria de los pacientes”