Enrique
Ruiz Escudero
Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid | jueves, 21 de febrero de 2019 h |

A lo largo de las últimas décadas el sistema sanitario público español se ha caracterizado por su buen funcionamiento y por erigirse en uno de los elementos vertebradores de la nación española. En el tránsito de nuestro país hacia un Estado democráticamente avanzado y con un modelo de bienestar amplio -desde que los españoles aprobamos la Constitución de 1978 hace ahora 40 años-, la Sanidad pública ha desempeñado un papel protagonista, evolucionando como un servicio cada vez más apreciado por los usuarios, con amplias prestaciones y con un consolidado reconocimiento internacional. Logros que deben animarnos a mirar con esperanza al futuro, pero también con determinación, a fin de asegurar que los ciudadanos puedan seguir disfrutando de unos excelentes servicios públicos como nuestro Sistema Nacional de Salud.

Gracias al mismo, nuestro país ha aumentado significativamente la esperanza de vida de sus ciudadanos – somos los más longevos de Europa y los segundos del mundo-, lo que se traduce en los mayores niveles de calidad, cohesión social, equidad y seguridad. Es más, la sanidad española es la tercera en eficiencia de todo el mundo si comparamos la esperanza de vida y los recursos dedicados a la misma, tan solo por detrás de Singapur y Hong Kong, y por encima de los países europeos y americanos.

De hecho, el Gobierno de la Comunidad de Madrid, al que tengo el honor de pertenecer, lleva trabajando desde el inicio de la Legislatura para sentar las bases de la mejora constante de nuestro modelo sanitario, de manera que a día de hoy nuestra región cuenta con un sistema sanitario que es un referente en España y uno de los mejores de Europa.

Ahora bien, los que defendemos una sanidad pública de calidad, somos conscientes de que el sistema sanitario va a jugarse su futuro en la capacidad que tenga para adaptarse al nuevo paradigma de asistencia sanitaria que está surgiendo a nivel global. Aspectos tales como la longevidad, el predominio de las enfermedades crónicas, el impacto de las nuevas tecnologías o las nuevas posibilidades diagnósticas y terapéuticas nos hacen presagiar en un futuro cercano unos pacientes y unas enfermedades muy diferentes del escenario general que se nos ha presentado hasta ahora, lo que sin duda alguna requerirá de una transformación para dar respuesta a esa nueva realidad.

Es evidente que ignorar los síntomas de una enfermedad sólo puede contribuir a agravarla; por el contrario, actuar desde el primer momento sobre la misma, hace que el tratamiento sea más breve y más eficaz. Dicho de otra manera, en este mundo globalizado, en el que los nuevos medicamentos y tratamientos y la evolución de la tecnología y la digitalización, son de tal magnitud y van a tal velocidad, que convierten rápidamente lo tradicional y lo actual en obsoleto, sólo podrán estar a la cabeza del desarrollo aquellos que estemos dispuestos a mantener una permanente vocación de reforma y de adaptación a las nuevas circunstancias.

En este sentido, estoy convencido de que el futuro será en gran medida el resultado de lo que todos nosotros hagamos en el presente, y por ello considero fundamental para nuestra sanidad pública avanzar en seis aspectos esenciales.

En primer lugar, la reforma del Sistema de Financiación Autonómico mediante la negociación de un nuevo modelo que nos permita mejorar nuestra financiación por habitante, en beneficio último de los servicios públicos madrileños cuya prestación debemos garantizar con los mayores estándares de calidad.

De igual modo, debemos seguir trabajando para potenciar un uso racional de los medicamentos, utilizando de forma justificada grupos de fármacos de gran impacto; o llevando a cabo la revisión de protocolos terapéuticos para evitar prescripciones que no están justificadas desde un punto de vista científico.

En tercer lugar, considero que la Sanidad Privada debe continuar siendo un socio imprescindible de la sanidad pública en el sostenimiento de nuestro Sistema, pues no se trata de ámbitos antagónicos sino complementarios a la hora de mejorar la accesibilidad de la población a la atención sanitaria.

Además, debemos seguir apostando por unas Infraestructuras más vanguardistas y humanizadas, adaptadas al futuro de la innovación sanitaria. Una transformación que ya es una realidad gracias al Plan de Infraestructuras Hospitalarias, dotado con una inversión de más de 1.000 millones de euros a lo largo de diez años, a fin de ofrecer una respuesta asistencial adaptada a la evolución de la medicina moderna.

Igualmente, no quiero dejar de mencionar la necesidad de seguir invirtiendo en las últimas y más vanguardistas tecnologías sanitarias. De hecho la introducción de las nuevas tecnologías es hoy en día un tema clave en cualquier sistema sanitario y la Comunidad de Madrid está apostando de manera decidida por la cirugía robótica, en busca de los sistemas quirúrgicos de vanguardia que ofrezcan mayor precisión al cirujano y la máxima seguridad al paciente.

Y como no, en el ámbito de la Innovación y la Investigación, la Consejería de Sanidad deberá seguir apostando por una investigación sanitaria de calidad, que permita no sólo la generación e implementación de nuevos conocimientos, sino que constituya un elemento esencial de las propias organizaciones sanitarias para poder generar respuestas a problemas de la práctica asistencial.

De ahí la importancia de nuestro Proyecto de Bioregión -BioMad-, que supone la agrupación de entidades que desarrollan actividades de I+D+i en el ámbito de la Biomedicina y la Salud con el objetivo de potenciar la cooperación y la competitividad a nivel estatal e internacional.

En definitiva, no sólo debemos sentirnos orgullosos de nuestro sistema sanitario, sino que debemos seguir aunando voluntades e impulsando sinergias para preservarlo, mejorarlo y hacer posible que ofrezca una respuesta completa, satisfactoria y sostenible a las necesidades asistenciales y dinámicas de la sociedad del siglo XXI.


“En este mundo globalizado solo podrán estar a la cabeza del desarrollo quienes estén dispuestos a mantener una vocación de reforma y de adaptación a las nuevas circunstancias”