La Farmacia en la COVID-19

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Por Rita de la Plaza, presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Cantabria

La profesión farmacéutica ha brillado con luz propia durante toda la situación de emergencia sanitaria por COVID-19, destacando no sólo por su labor asistencial esencial, sino también por su capacidad de adaptación a unas circunstancias excepcionales.


En la profesión farmacéutica se han vivido meses muy críticos, sobre todo al comienzo de la pandemia, en los que, a la falta de medios de protección, se sumaban las dudas e incertidumbre de la ciudadanía. Los farmacéuticos han demostrado su profesionalidad, garantizando el acceso a la medicación, ofreciendo información y educación sanitaria sobre COVID-19, y siendo, en muchos lugares, el único profesional sanitario accesible. Los ciudadanos han manifestado continuamente su apoyo y respaldo al trabajo realizado por la farmacia comunitaria y los farmacéuticos, y su valoración positiva y reconocimiento muestra que se realiza una labor insustituible.


Además, en este periodo ha quedado patente el hecho de que, con el objetivo enfocado en la salud de la población, es fundamental la coordinación de los distintos profesionales sanitarios y entre los diferentes niveles asistenciales, tanto en atención primaria como especializada; estableciendo canales de colaboración entre profesionales sanitarios que permitan, respetando las funciones y competencias propias e inherentes a cada actividad profesional, mejorar la salud y calidad de vida de los pacientes.


Es una oportunidad para apostar por las posibilidades que ofrece la farmacia colaborativa, impulsando nuevos proyectos conjuntos interdisciplinares, centrados en mejorar la atención al paciente, y proporcionando una continuidad asistencial. Las farmacias comunitarias, por su cercanía y accesibilidad, son un punto estratégico fundamental, como se ha demostrado sobradamente en la situación de crisis sanitaria, y un lugar idóneo para implementar procedimientos a favor de la protección y asistencia de las personas más vulnerables.

En Cantabria, desde el comienzo de la situación de emergencia sanitaria, el Colegio se ha puesto a disposición de la Administración Autonómica, trabajando de forma conjunta en varios proyectos muy necesarios que han abierto vías de colaboración efectiva entre farmacéuticos comunitarios, farmacéuticos de otros niveles asistenciales -hospital, atención primaria, distribución-, y otros profesionales sanitarios.


Como ejemplo de colaboración entre farmacia comunitaria y farmacia hospitalaria, se puede destacar el protocolo para hacer entrega a los pacientes de los Medicamentos Hospitalarios de Dispensación Ambulatoria -MHDA-, en el que han participado las 278 farmacias de Cantabria, los servicios de farmacia hospitalaria de los hospitales, tanto públicos como privados, y los almacenes de distribución.
Gracias a un proceso que garantiza la trazabilidad, los pacientes más vulnerables han podido recoger su medicación en la farmacia más próxima a su domicilio, sin necesidad de desplazarse hasta el hospital de referencia, y contando con su farmacéutico comunitario, al que tienen muy accesible para trasladarle cualquier consulta sobre su medicación.


Recientemente, se ha estrechado la relación con los profesionales de Atención Primaria mediante el desarrollo de un protocolo de comunicación de incidencias entre las farmacias de Cantabria y los farmacéuticos de Atención Primaria. Este procedimiento facilita la detección proactiva de posibles problemas relacionados con el uso de los medicamentos o la prevención de enfermedades, además de contribuir a resolver con agilidad incidencias administrativas que pudieran dificultar la dispensación de medicamentos en la farmacia comunitaria.


En estos momentos, la profesión farmacéutica está centrada en la vacunación contra Covid-19, y en la detección de los posibles efectos adversos que pueda tener. Para planificar la vigilancia óptima de seguridad de las vacunas estas vacunas, la Dirección General de Farmacia, Ordenación e Inspección de la Consejería de Sanidad, a través del Centro Regional de Farmacovigilancia de Cantabria, ha elaborado el “Protocolo corporativo de vigilancia intensiva de la seguridad de las vacunas contra COVID-19 en Cantabria”, que cuenta con los farmacéuticos de servicios de farmacia y oficinas de farmacia para la notificación de efectos adversos.


En el plano social, mediante un acuerdo alcanzado entre el Colegio y la Administración Autonómica, las farmacias de Cantabria han desarrollado la campaña “Contra la violencia de género, Mascarilla 19”, que ha permitido que las mujeres que pudieran estar viviendo una situación de violencia de género en su hogar, motivado por el aislamiento obligado en sus viviendas durante el confinamiento, dieran la alerta en la farmacia más cercana, activando de esta manera un protocolo de emergencia. Todas las mujeres de cualquier punto de Cantabria tienen acceso cercano a alguna farmacia, siendo el único profesional sanitario en muchos lugares.


De igual manera, el Colegio ha llegado a acuerdos de colaboración con la Administración Local de varios municipios de Cantabria, articulando la distribución gratuita, a través de la red de farmacias, de mascarillas entre todos los ciudadanos. Gracias a la colaboración desinteresada de los farmacéuticos, se ha hecho posible un sistema de reparto que facilita la accesibilidad a un producto sanitario que, en estos momentos, es de primera necesidad.


En definitiva, la profesión farmacéutica ha desarrollado un papel fundamental en esta situación de emergencia sanitaria, y la farmacia comunitaria, primaria y hospitalaria son piezas clave en las estrategias de atención primaria de salud y prevención de enfermedades, en total coordinación con los sistemas de salud y otras profesiones sanitarias; siendo la farmacia comunitaria un servicio esencial y la puerta de entrada al sistema sanitario.