Hacia una sanidad basada en los datos, por Federico Plaza

Por Federico Plaza, director de Corporate Affairs de Roche Farma España

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En los últimos años estamos asistiendo al desarrollo de un ecosistema sanitario cada vez más determinado por el proceso de digitalización, que ganó una velocidad extra durante la pandemia. La digitalización, en lo que se refiere especialmente al abordaje de las enfermedades más complejas en el ámbito hospitalario, está también en la base del desarrollo exponencial de las ciencias de análisis de datos, que constituyen a su vez una de las bases para la medicina personalizada.

Realizar un diagnóstico de precisión a nivel molecular que permita al especialista optimizar el diseño de la estrategia terapéutica más adecuada para cada paciente individual hace tiempo que ha dejado de ser una posibilidad en distintos tipos de cáncer y en otras patologías del área de las neurociencias, la hematología o la oftalmología. Pero estamos sin duda en el inicio de este apasionante camino que, sin duda, va a cambiar en los próximos años la forma en la que concebimos el cuidado de la salud al incorporar no solo un abordaje con una precisión nunca vista antes y unos efectos secundarios cada vez menores, sino también elementos predictivos que van a llevar el concepto de prevención a una nueva dimensión.

Esta nueva sanidad de los datos nos lleva a una mayor precisión también a la hora de investigar y desarrollar nuevas terapias, planteando un renovado proceso de I+D biomédica donde los plazos tienden a ser más reducidos y donde los nuevos fármacos se dirigen a nichos cada vez más determinados de pacientes.

“Todos nuestros esfuerzos se basan en la idea de que el especialista pueda ofrecer a cada paciente el tratamiento adecuado en el momento concreto en que lo necesita”

Esta nueva realidad, que presenta numerosos beneficios para el sistema sanitario, para el tejido investigador y sobre todo para los pacientes, plantea también numerosos desafíos en campos como la sostenibilidad, el acceso temprano a las nuevas terapias o el manejo de cantidades masivas de datos sanitarios (big data), retos todos ellos que requieren de una estrecha colaboración público-privada para solventarse.

Es en este contexto de imprescindible colaboración donde debemos situar la necesidad de seguir explorando, al igual que hicimos en la pandemia, nuevas posibilidades con las autoridades regulatorias para lograr, entre todos, una evaluación más ágil de nuevas terapias mientras se garantiza la sostenibilidad futura del sistema, con el fin de lograr un acceso temprano a la innovación, así como un mayor desarrollo de las aprobaciones condicionadas. Porque nunca debemos olvidar que de poco nos puede servir desarrollar medicamentos cada vez más efectivos y con menores efectos secundarios si no llegan a tiempo a las personas que los necesitan.

Al final, todos nuestros esfuerzos se basan en la idea de que el especialista pueda ofrecer a cada paciente el tratamiento adecuado en el momento concreto en que lo necesita, una idea aparentemente sencilla detrás de cual cada vez tiene más importancia el desarrollo de las ciencias de análisis de datos, ya que son precisamente estas disciplinas las que nos pueden indicar si estamos transitando por el camino y si efectivamente estamos dando a cada paciente lo que necesita.

Es por ello que todo lo relacionado con la correcta gestión de los datos, tanto a escala individual como agregada, seguirá siendo una de las claves durante este año, y tendrá que avanzar en paralelo a los progresos en el diagnóstico de precisión y las terapias dirigidas para acelerar la implantación de la medicina personalizada, que a va a ser sin duda el paradigma dominante en los próximos años.

Desde luego en el caso de Roche, donde nos hemos propuesto acabar esta década siendo capaces de ofrecer de tres a cinco veces más avances médicos a los pacientes a la mitad de coste para la sociedad, el enfoque basado en los datos es crucial. Para poder trabajar con éxito en este nuevo entorno vamos a necesitar bases de datos estructuradas e interoperables, así como una regulación efectiva del uso secundario de estos mismos datos, un factor esencial para la futura investigación clínica y también para trabajar con la información procedente de los datos de vida real o Real World Evidence (RWE).

Pero para desarrollar con éxito este enfoque no solo es imprescindible la colaboración de todos los agentes sanitarios, sino cada vez más la concienciación de los responsables políticos y la sociedad general; todos ellos deben tener presente la importancia de los datos y la digitalización en esta revolución que supone la medicina personalizada. Desde Roche haremos lo posible para lograr, con la colaboración de todos, que este nuevo escenario se traduzca en avances médicos que tengan un impacto directo en la salud y calidad de vida de nuestros pacientes.