Mariano Avilés Presidente de Asedef | jueves, 21 de febrero de 2019 h |

No son buenos momentos para hablar de estabilidad legislativa en España; la atomización de la composición parlamentaria pudiera verse desde el doble prisma del control que unos partidos ejercen sobre los otros, lo que supone el toque positivo, y desde el otro punto de vista, y este sería el negativo, que para llegar a acuerdos que se conviertan en ley haya que recorrer caminos imposibles; de ahí que el Gobierno, tanto el actual como el anterior, ejerzan sus funciones a golpe de decretos leyes.

El decreto Ley es una figura constitucionalmente reconocida y su utilización requiere que se den circunstancias de extraordinaria y urgente necesidad (la crisis económica ha sido muy socorrida), por lo que su utilización a la hora de legislar debería ser un excepción, ya que no solamente es un atajo legislativo para ignorar el debate parlamentario, sino que al final lo que genera es inseguridad jurídica.

El Tribunal Constitucional con sus sentencias se ha pronunciado en sucesivas ocasiones sobre este abuso por parte de los gobiernos; citemos por ejemplo la sentencia 68/2007 en la que entre otras cuestiones viene a decirse que en las funciones propias del Tribunal Constitucional está “el aseguramiento de estos límites, la garantía de que en el ejercicio de esta facultad, (de legislar bajo la figura del decreto-ley), como de cualquier otra, los poderes se mueven dentro del marco trazado por la Constitución” ; así lo hizo en el año 2017 suprimiendo artículos de algunos decretos-leyes. Razonable sería que los Gobiernos olvidasen la casi permanente y preocupante utilización del Real-Decreto y utilizaran otra posibilidad jurídica como es el procedimiento legislativo abreviado.

Este desorden legislativo y la atomización parlamentaria ha supuesto, y de hecho supone, para el caso de la sanidad española pocos desarrollos de interés que pongan el punto de mira en solucionar los problemas propios de un sector (el sanitario) que genera un gasto cada vez más importante y menos deseable, tanto en atención clínica como en lo tocante a la factura farmacéutica.

Un ejemplo que desde mi punto de vista viene a dar la medida de la mala utilización de la figura del Real Decreto es el llamado Real Decreto sobre pseudoterapias, recientemente abierto a consulta pública para “recabar la opinión de los sujetos y de las organizaciones más representativas potencialmente afectados por la futura norma acerca de: a) Los problemas que se pretenden solucionar con la iniciativa; b) la necesidad y oportunidad de su aprobación; c) Los objetivos de la norma; d) Las posibles soluciones alternativas regulatorias y no regulatorias”.

El proyecto de Real Decreto incluye diversas modificaciones normativas entre otras —que afecten al ámbito farmacéutico— el Real Decreto 1416/1994, de 25 de junio, de publicidad de los medicamentos y productos sanitarios y Real Decreto 1907/1997, de 2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria.

El Ministerio de Sanidad tiene poca influencia en la política sanitaria transferida a las Comunidades Autónomas pese a la existencia de un Consejo Interterritorial muy poco operativo y con funciones coordinadoras escasamente ejecutivas.

No son pocas las voces que se han alzado para centralizar las políticas sanitarias dispersas en diecisiete formas de regular cuestión tan principal como es la sanidad; y con independencia del acierto en la retroacción de competencias por algunos demandadas (que no entro a valorar) que vienen a decir evitaría agravios en los tratamientos y lograría la equidad en el derecho a la salud de los ciudadanos, es más cierto que ahora el atasco está también en el propio Parlamento, quien para sacar adelante una ley se necesita no solo valor sino votos normalmente muy interesados y difíciles de “comprar”.


“Razonable sería que los Gobiernos olvidasen la casi permanente y preocupante utilización del Real-Decreto y utilizaran otra posibilidad como es el procedimiento legislativo abreviado”