El poder legislativo ante la COVID-19

Por Antonio Alarcó, portavoz de Sanidad por el Partido Popular en el Senado

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Por Antonio Alarcó, portavoz de Sanidad por el Partido Popular en el Senado

Es una evidencia científica que este microorganismo (COVID-19) no se reproduce, sino que se replica a sí mismo en millones de veces en nuestras células sobre todo alveolares y ha puesto en solfa a la humanidad de forma también evidente.

El poder legislativo tiene la responsabilidad muy patente, teniendo que tomar medidas nacionales claras y siempre con evidencia científica (comité de expertos público y contrastado).

Se demuestra también que la vulnerabilidad de este mundo globalizado —estamos a favor de la globalización— y los sistemas sanitarios muy desarrollados y potentes no son capaces de evitar que haya ya más de dos millones y medio de fallecidos en el mundo (n.e.: a fecha de elaboración de este articulo). Por otro lado, hay que evitar la quiebra del Sistema Nacional de Salud (SNS), que precisará una Estrategia Nacional de Reconstrucción Sanitaria además de darle un enfoque distinto a dicho sistema, más orientado a la prevención que a la enfermedad.

Me adelanto en decir que la salud solo es un derecho reconocido al 20 por ciento de la población mundial, con lo cual habrá obligatoriamente que fabricar vacunas corporativas para que toda la humanidad, sin restricciones, tenga derecho. También aprovecho este momento para decir que, dentro de los derechos humanos reconocidos por la OMS, figure como uno importante el derecho a la salud.

El principio constitucional con el que estamos de acuerdo, y según el cual en España hay diecisiete autonomías y dos ciudades autónomas, no tiene nada que ver con lo que está ocurriendo y su desarrollo. Hay diecisiete sanidades distintas dentro de un mismo país que lo convierte muchas veces en ineficaz y un carísimo atentando contra el derecho de todos los ciudadanos a disponer de una cartera de servicios iguales. Vivan donde vivan.

La reflexión que hemos realizado hasta ahora y la evidencia científica (el coronavirus no tiene ideología ni diferencia entre las clases sociales ni razas), pone de manifiesto que las Cámaras Legislativas tienen que ejecutar medidas para afrontar la pandemia. Por todo ello, se necesita un Pacto por la Sanidad para hacerlo sostenible. Si una vida no tiene precio, que es un concepto moral de todo bien nacido, y para nosotros una gran verdad, la Sanidad tiene un coste y no puede ser ilimitado, por eso la necesidad de pactar una Cartera de Servicios Universal (la que decidamos democráticamente) que sea para todo el territorio igual… Y financiarla. Las duplicaciones, triplicaciones y desigualdades de las diecisiete carteras de servicio existentes no redundan en nada positivo y hace que el sistema sea ineficaz e insostenible. Por tanto, una de las labores fundamentales del poder legislativo es facilitar que no ocurra lo anterior.

En los últimos diez años, hemos asistido a la presencia de siete coronavirus distintos, por cierto todos tienen un principio en común que es China. La OMS se lo tiene que hacer ver y el COVID-19 está siendo con creces el más contagioso y destructivo por lo que hay que vencerlo con medidas científicas y una de ellas será la vacunación global. Tenemos que estar preparados porque podemos tener en los próximos años la presencia de más coronavirus que pueden ser muy destructivos.

“La reflexión que nos deja hasta ahora la pandemia y la evidencia científica pone de manifiesto que las Cámaras Legislativas tienen que ejercer medidas para afrontarla. Entre ellas, la necesidad de un Pacto por la Sanidad que haga sostenible el SNS y la lucha contra la COVID-19”

Por todo ello, el poder legislativo tiene la obligación política y moral de tomar medidas inmediatas —el Gobierno las tomó tarde y mal— de protección y reconocimiento de los sanitarios españoles puesto que tenemos a más de 100.000 contaminados con COVID-19. Es decir, medidas como el reconocimiento de profesión de riesgo y su peligrosidad laboral, el reconocimiento de la enfermedad profesional a los contaminados y maniobras fiscales conducentes a minimizar los más de 90.000 fallecidos y sus familiares por esta tremenda tragedia.

Para poder hacer una buena terapéutica, hay que tener un diagnóstico correcto:

  • Primero, conviene recordar que no hemos salido de la pandemia sino con la pandemia.
  • Segundo: científicamente no ha terminado la primera ola. No hay segunda ni tercera ni siguientes, sino picos de la primera.
  • Tercero: realizar un Programa de Reconstrucción Nacional del Sistema Sanitario.
  • Cuarto: cambiar el enfoque general del sistema más hacia la prevención que a la curación.
  • Quinto: el centro del sistema tiene que ser el enfermo, no el profesional.
  • Sexto: poner en práctica una estrategia nacional que, por cierto ya fue aprobada por unanimidad en el Senado. De genómica, medicina personalizada y de precisión. Lo cual implica el reconocimiento inmediato de nuevas especialidades como la genética, la supercomputación etc.
  • Séptimo: refuerzo de la Atención primaria y la implantación generalizada de la telemedicina (5G), imprescindible además para la España vaciada.
  • Octavo: creación de una Agencia Estatal de Salud Pública y Calidad Asistencial.
  • Noveno: creación de un Plan Europeo de Emergencia, con su correspondiente estrategia europea.
  • Décimo: creación de un pool nacional de personas especializadas que se puedan desplazar a las distintas comunidades según necesidades.
  • Decimoprimero: refuerzo del Plan Nacional de Protección de nuestros ciudadanos de edad avanzada.
  • Decimosegundo: el reconocimiento del Título de Medicina de Urgencias.
  • Decimotercero: modificación de las plazas MIR con más geriatras, genética, telecomputación sanitaria, genómica —como especialidad propia— etc.
  • Decimocuarto: fomentar la adherencia la medicación con un Plan Nacional.
  • Decimoquinto: poner en funcionamiento el Espacio Único Europeo y el Plan Cajal.

En definitiva, de todas las medidas que proponemos, algunas están ya hechas y no puestas en práctica. Algunas otras están por hacer y, en principio, son todas legislativas. Tenemos que buscar espacios comunes y, si no fuera así, se puede engendrar una gran frustración de todos los ciudadanos de todas las ideologías imperdonable.

Por último y no menos importante, es la creación de una Estrategia Nacional de Reconstrucción Psicológica se nos antoja por conocimiento y por las distintas publicaciones con evidencia científica que es una de las pandemias a combatir de forma inmediata. Contando para ello con los colegios profesionales, la Universidad, las asociaciones de psiquiatría, psicología, etc.

Juntos lo venceremos. Yo me vacuno.